Opinión

Gallinero encocorado

Actualizado el 07 de abril de 2016 a las 12:00 am

Opinión

Gallinero encocorado

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Tan tranquila que andaba la cosa aquí, luego de las procesiones de Semana Santa, y de repente el gallinero anda soliviantado. En Suramérica tienen una linda palabra: encocorarse, que significa que alguien se insolentó y anda irritado. Pues bien, de súbito, el gallinero de la política local se “encocoró”.

El anuncio del expresidente Figueres, de que se postulará como precandidato liberacionista, tensó el ambiente en ese partido, el más importante del país, pues grupos de poder procuran descarrilarlo.

El expresidente Arias deshoja la margarita. Dice que considera presentarse también como precandidato, que Figueres es una ficha perdedora y propone una transacción: un tercer candidato. Así pues, se desataron recriminaciones mutuas dentro de la gran “familia liberacionista” (imagínense la voladera de catos si no fueran familia).

El punto, sin embargo, es otro: ¿Para qué quiere alguien ser presidente de Costa Rica hoy día? Puede que crea ser el “elegido”; que el pueblo lo demanda; que ¡diay!, ¿por qué yo no?; para disfrutar el poder o pasar a los libros de historia. En fin, esas respuestas contestan el porqué alguien querría ser presidente, pero no mi pregunta del para qué, de los objetivos que quisiera cumplir en el ejercicio de ese cargo.

Inevitablemente, esta cuestión remite al contexto político. Y lo que veo ahí es esto: primero, un sistema de partidos aún más fragmentado que en el 2014, con partidos más débiles y divididos; segundo, una ciudadanía aún más escéptica pero con un clamor más intenso por un cambio de rumbo; tercero, un Estado no reformado, con islas de poder que se resisten a los cambios; cuarto, una arquitectura constitucional que da pocos poderes al Ejecutivo; y quinto, una alta probabilidad de heredar un problema fiscal que maniatará todavía más la acción pública. En resumen, el presidente que se elija en el 2018 tendrá un margen de maniobra muy pero muy estrecho.

En tales condiciones, es más importante cómo se llega a la presidencia que quién gana las elecciones, pues quien quiera que gane la tendrá cuesta arriba. El cómo se llega permite (o no) crear previamente mejores condiciones de gobernabilidad.

Forjar un gobierno de coalición con personalidades y movimientos sociales sobre la base de un programa específico de trabajo; elaborar desde antes los proyectos de ley que se presentarán al Congreso en el primer día; y un cuidadoso diseño de los primeros meses de gobierno, que es cuando hay oportunidad de impulsar cambios, podría dar mayor espacio para gobernar. Un buen diseño del gobierno es la clave.

  • Comparta este artículo
Opinión

Gallinero encocorado

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota