Opinión

Frustración

Actualizado el 06 de noviembre de 2016 a las 12:00 am

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“Si no se va a releer, a donarlo y que circule”, es la voz de orden en mi ahora desolada biblioteca. Sin embargo, de los libros publicados a título individual por ese autor, tengo y he leído once y, gracias a que los condené a frecuentes repasos, todos han sobrevivido a las “limpiezas” destinadas a liberar estantes y a contener la gula de las polillas. Ese perpetrador de una adictiva colección de ensayos y narraciones de divulgación científica es el físico catalán Jorge Wagensberg Lubinski, nacido en Barcelona en 1948, director durante catorce años del Museo de Ciencia de Barcelona, entidad que, en el año 2006, el Consejo de Europa declaró el mejor museo del Viejo Continente.

Hasta los títulos de sus libros son sugerentes invitaciones a comprender la ciencia desde una perspectiva que no necesariamente recuerda que desde 1981 Wagensberg es profesor de Teoría de los Procesos Irreversibles en la Facultad de Física de la Universidad de Barcelona, ni que a lo largo de treinta años dirigió una colección de libros “para pensar la ciencia”, que incluye autores de la talla de Einstein, Dawkins, Gell-Mann, Gould, Mandelbrot, Monod, Prygogine y Schrödinger. Se puede afirmar que, cuando Wagensberg escribe sobre la ciencia, todo hispanohablante alfabetizado entiende perfectamente.

Pero ¿por qué le dedico la columna de hoy? Muy sencillo: aun cuando admito que nadie tiene la culpa de lo acontecido, lo hago “porque tengo tremenda bronca”. El Museo de la UCR anunció que el gran científico y divulgador de la ciencia impartiría, el lunes 31 de octubre, en el auditorio de la Escuela de Estudios Generales, una conferencia que, desde luego, no me querría perder así cayese fuego y vitriolo desde las nubes.

Una lógica previsión, basada en la limitada capacidad de la sala, hizo que se pidiese a los interesados en asistir reservar, mediante el correo electrónico, lugar por adelantado, de modo que procedí a cumplir con el razonable requisito e, imbuido de un entusiasmo nada senil, caminé bajo la interminable lluvia de octubre –los lunes impera para mí la restricción vehicular– llevando conmigo, con la esperanza de atrapar un autógrafo del autor y no un resfrío, un ejemplar de su libro La rebelión de las formas; pero ¡zas!, en la puerta del auditorio un cartel anunciaba que el maestro había cancelado su visita a Costa Rica y, lo juro, me sentí como se habrían sentido entonces los miembros del anterior gobierno de la República si el famoso concierto de Lady Gaga hubiera sido suspendido.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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