Opinión

Fantasmas electorales

Actualizado el 11 de abril de 2017 a las 12:00 am

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¿Cuál será el tema crucial de la próxima campaña electoral? En todas, se discute lo cajonero: inseguridad, delincuencia, desempleo, corrupción, pobreza, costo de vida… Todos los candidatos, sin excepción, los reivindicarán y harán sus respectivas proposiciones. Pero hay un solo tema –solo uno– capaz de concitar a los no alineados.

En la última, fue la disconformidad con el statu quo y el deseo de cambio tras ocho años del PLN (una especie de minibrexit a la tica). Un fantasma que incitaba a la rebelión flotaba como pluma en el aire y, por un soplo inesperado, descendió sobre el sombrerito de ala corta de Luis Guillermo Solís. ¿Podrá el PAC repetir la hazaña bajo el alero de otro sombrero?

Hace dos años, en una noche de vinos en el Club Unión, aposté ante un grupo de políticos y politólogos porfiados que el PAC no tendría chances en el 2018 porque un fantasma lo acosaba: la baja popularidad del presidente y el ralo contenido del cambio. Yo creía que era temprano para borrarlo de la lista, que el fantasma palidecería ante los buenos resultados macroeconómicos (de tú a tú con Óscar y doña Laura y, quizás, mejor en algunas variables) y en el 2017 su percepción pública cambiaría y subiría en el ranquin. No me creyeron. Empero, una nueva encuesta de la UCR me dio la razón.

Bajaron las opiniones negativas (mala o muy mala) de 57,6% en el 2016 al 40,3% en el 2017. Entre mujeres, la opinión negativa bajó del 66% al 40% (alguna gracia oculta habrá de tener don Luis Guillermo que fascina al sexo opuesto); entre hombres, su political sex-appeal es menor, pero también mejoró del 57% al 40%. Las positivas remontaron 10 puntos y, al comparar el primer trimestre del tercer año de Laura Chinchilla, Solís sale mejor (Luis Guillermo Solís: 40,3% negativos y 28,7% positivos vs. Laura Chinchilla: 64,3% negativos y 14,3% positivos).

Sería miopía decir que esta administración no tiene nada que mostrar. El cambio sí se dio en la economía, lejos del clientelismo tradicional a favor de los más ricos. También la “pulseó” en lo fiscal, aunque sin éxito (como sus predecesores), pues las fuerzas conservadoras de oposición –dirán– le negaron la reforma. Entonces, pedirá cuatro años más para completar la tarea. El PUSC y el PLN también tienen suficientes atestados históricos para competir. Argüirán que con ellos se vivía mejor y pedirán cambiar el cambio ( back to the future ). Pero ¿qué dirán los no alineados? Un nuevo fantasma electoral acosa a todos los partidos.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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