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Un año que se las trae

Actualizado el 01 de enero de 2015 a las 12:00 am

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Un año que se las trae

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El número 2015 es elegante, atractivo para escribir. Practíquenlo ahora que hay tiempo libre. Su trazo termina con un arco amplio, firme, a mano levantada, como cuando uno está satisfecho por una faena bien hecha. Y, sin embargo, esa mano levantada, en suspenso, rápidamente introduce una inconveniente invitada, la incertidumbre, pues ¿dónde se posará a continuación? ¿La moverá intención aviesa, pensamiento noble o espíritu mordaz? Así mirado, el numerito ese, 2015, se las trae: su sencilla elegancia es moneda falsa, un sutil ardid para esconder un claroscuro de pliegues y disimulos.

Ahora que empezaremos a escribirlo innumerables veces, el astuto trazo del número 2015, con su incómoda duplicidad, lleva a preguntarme sobre las arenas en que estamos parados. ¿Qué nos tendrá en bodega el año que se inicia? ¿Empezaremos con mejor pie que como terminamos el año pasado? ¿Será que la magia de estos días, cuando la sociedad reposa y los horarios se empolvan, obrará el milagro de bañar con nueva luz los viejos problemas, invitándonos a buscar soluciones novedosas, en vez de seguir atracados en nuestros viejos reflejos? Lo más probable es que no, pero en la vida uno nunca sabe.

En los finales del año que recién acabó, una ola pesimista inundó al país. Cayó la confianza del consumidor, el lustre del nuevo Gobierno se desgastó con rapidez, y los planes de inversión y empleo de muchas empresas se pospusieron. ¿Un estado de ánimo pasajero o un curso de evolución que se abrió paso para afincarse? Quisiera que fuera lo primero, pero lo más seguro es que sea más de lo segundo. Con todo, sin embargo, en el horizonte no solo hay nubarrones, pues, zaperocos aparte, esta sociedad no está al borde de ningún abismo, tiene logros notables, aunque sea cierto que llevamos años cocinándonos en la misma y rechinada salsa del empantanamiento, salsa nos da para ir gateando por ahí, con bajas inflaciones y crecimiento moderado, pero sin alcanzar buenos resultados en pobreza y distribución de ingresos, al fin y cabo las cosas por las que el llamado “desarrollo” llega (o no) a las personas comunes y corrientes.

El inicio del año es tiempo cargado de preguntas. Después de todo, la mano levantada al final del trazo aún está a tiempo de dirigirse hacia distintas partes. Nada está escrito. Y este es el punto: el nuevo año no tiene por qué ser más de lo mismo, como un 2014 bis. Ese es mi deseo de año nuevo: que encontremos otras maneras de enfrentar nuestros viejos problemas. ¿Será pedir mucho?

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