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Llegó el Black Friday

Actualizado el 27 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

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Llegó el Black Friday

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Super-Black Friday está aquí con sus supermegaofertas para toda la superfamilia. Y no solo eso, también llegaron el superblack mes y el superblack fin de semana. Corran, pero corran de veras, ¡madruguen!, ¡empujen!, ¡vuélenle un codazo en la panza al de al lado, si quieren rayarles por la derecha!

En suma, déjense de vainas: compren y luego piensen. Si el mundo es una porquería, si el país está trabado, si la vida no tiene sentido ¿no es más sabio darse un blackfridaydazo por ahí que quedarse lamentando, solo y triste en una esquina, sobre el futuro que nos aguarda? Cuestión de sanidad mental, mis estimados.

Varguitas rehúsa mesarse los cabellos formulando una denuncia facilona del consumismo, el hedonismo y cualquier otro “ismo”. De paso, se niega a citar a un par de filósofos por aquí, un poeta por allá, para aderezar una invectiva contra la impostura del Black Friday .

No, señores: el megablack friday es fuente de empleo. Dependientes de tiendas, modelitas y modelitos, famosos que sonríen (¿por qué sonreirán?) y muchos etcéteras pagan cuentas con él. Es fuente de riqueza: pregunten a las agencias de publicidad (¡mis respetos!), que han aprendido a mover la manada mejor que un sabanero guanacasteco y, por supuesto, a los dueños del comercio. Es fuente de recursos para el fisco, que se frota las manos con lo que le entrará de impuesto de ventas.

Vargas se suma humildemente al movimiento con una brillante idea: comisionar a un conocido músico la tarea de componer un himno al Black Friday , marcial y arengador como La Marsellesa , profundo como el alemán, que canta a la justicia y libertad, y, por supuesto, con una letra que recuerde aquello de que somos un país de trabajo y paz. Se cantaría en todo el país el jueves previo, a las 6 p. m. Decreto ejecutivo, cadena nacional de TV, mensaje presidencial y todo. Díganme si eso no ayudaría a la marca país: seríamos los primeros en el mundo en hacerlo.

Señoras y señores: desenfunden sus tarjetas de crédito, apunten y disparen. Los que no compraron pantalla plana en el Mundial, cómprenla; los que las tuvieron que devolver por falta de pago, vuelvan a comprarlas, pues su insistencia será recompensada. El mundo es una oferta. Ya iremos el próximo fin de semana a misa, contritos, a arrepentirnos de nuestros pecados. Vivir es consumir.

El país está mal, pero yo estoy bien. Y, sobre todo, nada de caritas: en un mundo que canta a la individualidad, el comportamiento de horda está más vivo que nunca.

La masa se amasa, mamá amasa la masa.

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