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Actualizado el 30 de octubre de 2014 a las 12:00 am

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Para los que se quejan de la pérdida de valores, aquí les recuerdo partes de la letra del tango Cambalache , escrito en 1934: “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé/ ...Vivimos revolcaos en un merengue/ y en el mismo lodo/ todos manoseados.../ ¡Todo es igual!/ ¡Nada es mejor!/ Lo mismo un burro/ que un gran profesor.../ Cualquiera es un señor/ cualquiera es un ladrón...”. Esta amarga pero bella letra se bailaba con garbo y sensualidad en los tiempos en los cuales, según los nostálgicos, las cosas eran mejores; la gente, decente, y el pelo del bigote bastaba como garantía real.

No me trago el cuento de la pérdida de valores, como si ahora la gente naciera con menos valores buenos. Lo que ocurre es que las personas se forman con un cóctel diferente: unos valores vienen de antes, otros se perdieron y emergieron nuevos que tornaron aceptables conductas distintas. Y, ya que estamos en eso, hay antivalores que afortunadamente se disiparon: entre otros, ver normal entrarles a porrazos a las esposas, el temor reverencial al progreso y la lealtad amoral a los caudillos. Respecto a la gente joven, lo que más me gusta es el valor de la amistad con las personas del mismo sexo o del otro, su gama de relaciones (desde novios, amigovios, amigos con derechos, amigos-amigos) y su aceptación del cambio constante como la nueva normalidad. Refrescante.

Traigo a cuento lo del tango Cambalache porque en este país estamos asidos a la mentalidad cambalache. Vivimos empeñados en demostrar que nada funciona. Que “solo en Costa Rica pasa…” tal o cual cosa.

Sin embargo, al pintar la realidad de un solo brochazo con el color “todo está mal”, rehuimos la responsabilidad de discernir, de hilar fino a la hora de criticar lo que nos está pasando. Es un callejón sin salida. Y, encima, hay que aguantarse los aires de superioridad moral de mucho cambalachero que pregona que nada sirve, salvo él y algunos poquitos a su alrededor.

No postulo que la gente sea hoy mejor que antes. Seguimos hechos de la misma madera. Digo otra cosa: no me bajo el mito de un pasado feliz, cuando las cosas caminaban bien y había valores. Si vamos a salir bien librados de esta complicada etapa en la historia de nuestro país, tendremos que desterrar la hipótesis “cambalache” como principio de explicación de la realidad, y empezar a vernos tal cual somos como sociedad, con un examen puntilloso de nuestras fortalezas y debilidades.

Este examen nos dirá que no vivimos en un infierno, sino en el purgatorio de cada día, y nos ayudará a seleccionar los grandes temas de nuestra época con los que no debemos fallarles a las generaciones venideras. Hilar fino para actuar mejor.

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