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Actualizado el 25 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

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Cuando uno ha viajado por ahí, se da cuenta de cómo en otros países la agricultura tiene que pellejearla para arrancar a terrenos rocosos e ingratos alguna cosecha interesante. He visto emprendimientos productivos lidiar con suelos que apenas si tienen capa fértil. Los he visto usar agua sin desperdiciar una sola gota, pues nada sobra. Entonces, siempre he pensado en mi pequeño país y en lo complicado que es manejar la abundancia. Cuando se tiene mucho de algo, no se aprecia su valor: pareciera que es gratis y que esa abundancia es para siempre.

En Costa Rica hemos cementado algunos de los suelos más fértiles sobre el planeta sin siquiera preguntarnos si estábamos haciendo lo correcto. Construimos ciudades enteras sobre suelos repletos de esa tierra negra que se desgrana en las manos, ideal para producir. Tierra, en síntesis, por la que otros matarían. ¡Qué desperdicio! Y no paramos: en pocos años, la aglomeración metropolitana cubrirá el Valle Central, un lugar privilegiado para la agricultura. Desde hace décadas optamos por la urbanización horizontal e ineficiente, cada uno construyendo su pedacito, por separado, sin reparar en los costos reales o potenciales. Ni que fuéramos un país inmenso con tierra de sobra para todo el mundo.

No contentos con desperdiciar esa fertilidad que desesperadamente el resto del mundo anda buscando, nos propusimos degradar nuestras abundantes fuentes de agua. Y lo hicimos muy bien. En nombre del progreso, de las oportunidades y la calidad de vida o, en última instancia, de nuestro “derecho” a tirar a ríos y acequias la basura que nos da la gana, convertimos los ríos en cloacas y presionamos, cada vez más, las fuentes de recarga de acuíferos construyendo sobre ellos. ¡Pensar que uno de los factores de conflicto más importantes en el Medio Oriente es, precisamente, la lucha por las escasísimas fuentes de agua! (No de ahora, sino de hace milenios). Y, mientras a todos ellos les hacían falta el suelo fértil y el agua, nosotros nos dedicamos a explorar el verdadero sentido de la palabra “desperdicio”.

Holanda ha metido 14 millones de personas, no sé cuantos millones de vacas y mucha agricultura en un territorio menor al nuestro, peleándole al mar cada palmo de terreno. Pero ¡cómo planifica el uso de su escaso suelo! Nosotros, con menos de cinco millones, estamos repletos de conflictos debido a la falta de ordenamiento territorial. En algunos años llegaremos a más de seis millones. Y, entonces, qué: ¿nos comeremos los parques naturales? Entre las cosas que a este país le urgen está ponerse serio con el uso de su suelo.

Patalee quien patalee, el tema de fondo es nuestra capacidad de sobrevivir como nación.

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