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Actualizado el 11 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

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Hay sorpresas que sorprenden. Expertos se lamentan de que este sea un Gobierno de inexpertos. Pero ¡por supuesto que iba a ser así! En abril pasado, la ciudadanía le dijo al PLN que, aunque el partido decía saber hacer, tuviera la gentileza de no seguir haciendo. Que muchas gracias y luego lo llamo. Y, ni modo, con la inexperiencia vienen las marchas y contramarchas. Otros expertos se mesan los cabellos porque el Gobierno tiene débiles bases políticas. El agua tibia: eso estaba más que dicho, era la situación para cualquiera que ganara las elecciones.

El tema, pues, no es la inexperiencia o la debilidad política. Son ingredientes inevitables, dadas las circunstancias. Entonces, mejor aplaquemos los nervios por ahí, pues de las cosas inevitables no hay de que preocuparse: son inevitables. El problema es otro. El quid es si, siendo novato, el Gobierno tendrá, o no, curva de aprendizaje y si esta será rápida y estará bien orientada. Aquí es donde las cosas no están tan claras.

Si de aprender se trata, pueden aprenderse cosas buenas o malas. Comencemos por las malas. El presidente puede encerrarse con su corte en la torre de marfil y el Gobierno desarrollar mentalidad de acoso, esa propensión a buscar conspiraciones detrás de cada titular de periódico y, por esa vía, volverse ciego y sordo. No hay que ser astrólogo o politólogo para prever que esas mañas lo hundirán. Júpiter se juntaría con Mercurio y, como todos sabemos, eso es gravísimo. El país pagará los platos rotos. Un Gobierno acosado, a la deriva, agotado en apagar incendios y sin más horizonte que el 8 de mayo del 2018, erosionaría la estabilidad económica y política.

También podría aprender cosas buenas. A no meter las patas en profundidad mientras aprende (errar por el lado de la cautela). A formar equipos asesores de alto nivel en las áreas claves (por favor, no llamar: Varguitas ni es de alto nivel ni busca chamba), sobre todo, en la Presidencia. A trabajar muy de cerca con la Asamblea Legislativa, cotidianamente, sin limitarse a “grandes gestos”. En el tema fiscal, a aprender de los pasos dados y revaluar rápido la posición inicial, pues la situación está muy fluida y riesgosa.

Dice un amigo: “Los tiros aún no han empezado”. Todavía nadie ha osado lanzarse como oposición frontal y el Gobierno lidia mayormente con tortas heredadas. Sin embargo, es cuestión de tiempo para que esto cambie. Lo que ahora mismo sí está ocurriendo es que la gente está empezando a formarse una opinión del nuevo Gobierno. Una cosa es que lo defina como gente nueva, con buen perfil, y otra como novatos bien intencionados, pero sin remedio ni ideas claras. Este es el punto: la duda que debe despejar rápido.

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