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Actualizado el 28 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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Lo bueno de reunir a un grupo de ticos es que siempre están de acuerdo en todo, aunque no lo estén. Cuesta que alguien se pare y ventile abiertamente un desacuerdo. Por eso, un elemento básico de la sobrevivencia en este país es escuchar con atención la manera en que una persona dice que está de acuerdo, y ubicar si en algún momento agrega un “quizá”, un “tal vez”, “hay que pensarlo más”. Si usted oye alguna de esas expresiones, tiene evidencia contundente de que el tipo está en profundo desacuerdo. Lección 1: En Costa Rica, la expresión “Estoy de acuerdo, aunque quizá hay que pensarlo un poquito más” debe traducirse por “Me parece una tontera lo dicho y haré lo posible por echarlo abajo”.

La lección 2 del curso de sobrevivencia es no hacer caso a una propuesta, si la idea no viene con detalles. Cuando alguien dice: “¿Por qué no nos vemos más frecuentemente?”, o su variante “Llegate por casa el domingo”, no está haciendo una invitación específica. En sentido estricto, la persona no lo está invitando, simplemente enuncia un deseo abstracto. Si usted le creyó y aparece el domingo por la casa, se encontrará al tipo en chancletas, la esposa en rulos y, ambos, malencarados por su mala educación de aparecerse sin avisar.

La lección 3 es que, cuando, ni modo, hay una discrepancia indisimulable, nunca falta el buen componedor (probabilidad 100%) que dice: “En el fondo, todos estamos de acuerdo”. Y, acto seguido, todos asienten, pues el susodicho ha dado en el clavo: propuso una salida que salva la situación y, aunque todo quedó desarreglado, siempre puede acudirse al expediente de que estamos de acuerdo en los principios: por ejemplo, que es malo pegarle a la mamá.

A pesar de estos artilugios, los conflictos son inevitables. Sí, señores: aun en esta feliz Arcadia la gente se pelea. Entonces entra a operar la lección 4: Nunca pelear por el fondo. Las probabilidades de ganar un pleito aumentan, si usted logra convencer a los demás de que es un “pobre agredido”. La maña del “pobrecito” es más vieja que la de pedir fiado, pero sigue vigente como nunca: es un misterio cómo un truco tan gastado sigue siendo tan efectivo. El tema es hacerse el pobrecito como astucia para abuchonarse todo lo que pueda.

No tengo interés en un anecdotario del “ser tico”, pues desde el inicio hablo de política. Así es como Varguitas se explica por qué, si todo el mundo pide diálogo nacional para llegar a acuerdos y logra arribar a diagnósticos y principios compartidos, los problemas no se mueven ni un centímetro. Estos modos de ser compran tiempo, pero acumulan tensiones. Y, en momentos tan complejos como los presentes, siembran tempestades.

Así es como se juega a chapitas en este país.

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