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Actualizado el 22 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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¿En qué momento una huelga por problemas de pago a algunos maestros, hecha contra un Gobierno que salía, se convirtió en un pulso político contra un nuevo Gobierno y sin que este siquiera arrancara, y amenace con convertirse en una lucha general del movimiento sindical (relativamente próximo al PAC) contra el PAC en el Gobierno? Perdonen la pregunta enrevesada, pero es que estos últimos quince días han sido muy extraños. Confieso que dudé de escribir estas líneas, pero hoy (20/5) estimo indispensable un llamado a la sensatez.

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Dentro del ruidazal hay varias cosas claras. Entre ellas, las siguientes: (a) el MEP está implementando un nuevo sistema para administrar la planilla; (b) el viejo sistema cometía muchos errores y tenía pocos controles; (c) la transición al nuevo sistema había sido anunciada; (d) esa transición tuvo problemas y a miles de maestros –una minoría, sin embargo– no se les pagó salarios como tenían derecho; (e) teniendo otras opciones intermedias de protesta, los sindicatos escalaron de un solo tiro el conflicto a la huelga general indefinida; (f) Luis Guillermo Solís, presidente electo, apoya la huelga; (g) Luis Guillermo Solís, presidente, pide deponer la huelga. ¿Cuál será el próximo capítulo?

Si no fuera porque, como sociedad, estamos pagando un gran costo (personas sin salarios y cientos de miles de estudiantes sin clases o comida), diría que vivimos un teatro del absurdo. Nadie disputa el fondo: hay que pagar a los maestros y arreglar el sistema de planilla del MEP. Pero estamos enzarzados en un conflicto que sigue en escalada y que puede inaugurar turbulencias mayores. En esto, la huelga juega con fuego. Si triunfa, deja zigzagueante al Gobierno ante presiones de otros signos que buscarán equilibrar la ecuación. Tendremos, entonces, cuatro años muy largos. Si no triunfa, el Gobierno salva su primer examen, pero los sectores sociales, sus aliados naturales, se debilitan. Claro está que todo depende de lo que se entienda por “triunfar”: a como estamos, hacer creer que no se cedió. En todo caso, todo el mundo ha tomado nota y probará el método de polarizar para ganar, sin considerar costos y sin aceptar menos que el objetivo máximo.

¿Por qué estamos en esta situación, única en las últimas décadas, en la que la otrora infalible “luna de miel” de un nuevo Gobierno fue vana ilusión? Pasadas las elecciones, re-emergió el muy deteriorado sistema político que tenemos: partidos poco representativos, un episodio prolongado de alta conflictividad, una sociedad civil fragmentada y corporativizada, actores ejerciendo sus poderes de veto (hoy sindicatos, mañana cualquiera) y una fuerte pugna distributiva entre sectores de la sociedad. Así vamos.

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