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Actualizado el 19 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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Como se esperaba: en Chile, el pasado domingo, Michelle Bachelet (izquierda) barrió a Evelyn Matthei (derecha) en la segunda ronda electoral. Interesante fue la normalidad con que se comunicaron el presidente Piñera (derecha), Bachelet y Matthei luego de conocer el resultado. Absoluta tranquilidad, y eso que la presidenta electa propone reformas de amplio calado. No sabemos cómo le irá, pero casi nadie salió corriendo despavorido con el coco del comunismo y del chavismo. Habrá un fuerte debate político, pues varios de estos cambios deben efectuarse con participación de las minorías, pero todos aseguran estar listos para discusiones de este tipo. Todos los sectores reconocieron que deben modificar las reglas de su sistema político: la ciudadanía chilena está descontenta, solo un 41% fue a votar. Aun los ganadores entonaron el mea culpa.

No puedo dejar de hacer una reflexión comparada con la situación chilena, pues, dentro del mar de diferencias, tenemos cosas comunes: países con instituciones políticas robustas, partidos debilitados (los nuestros mucho más) y ciudadanías críticas; países que intuyen la necesidad de profundos ajustes en sus estilos de desarrollo y sistemas políticos, y que tienen mucho que perder, si se aferran al statu quo o, por el contrario, si se embarcan en cambios que debiliten las fortalezas acumuladas, en vez de construir sobre ellas.

En las clases política y empresarial chilenas veo mayor ecuanimidad y sentido de responsabilidad histórica ante la delicada situación que atraviesan que en las ticas, pese a dibujos ideológicos más contrastantes allá. Y eso que Chile está mucho mejor que nosotros. Aquí, una subida en las preferencias electorales de un partido de izquierda desató los miedos entre el mundo empresarial y político tradicional: ¡Chaves y el comunismo internacional están a punto de tomar Costa Rica! Por favor, más seriedad: este electorado encabritado no está en 1975 sino en el 2014.

Estamos en una situación fregada: incluso si gana Liberación Nacional, el viejo orden político está en ruinas. C'est fini, kaputt . Muchos votarán a Araya solo para evitar males mayores: no creen en el PLN. ¡Chingo de mandato! Muchos de los que votan a Villalta, a Guevara, o al mismo Solís, quieren acabar con el statu quo, pero sin claridad de reemplazo. ¡Chingo también de mandato! Encima, vamos a años duros. En un contexto económico aún más difícil, el próximo Gobierno deberá tomar decisiones que generarán importantes conflictos. Lo mejor, entonces, es no quemar prematuramente puentes, descalificando partidos. Hora de pensar: no hay que dejar que cabezas calientes dominen la discusión a punta de epítetos. Muy temprano para polarizar.

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