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Actualizado el 21 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Un columnista escribe cada semana y tiene memoria corta. Y, cuando habla sobre política, corre el riesgo de repetirse y aburrir. Hoy, para evitar un bostezo generalizado, busqué lo que dije cuatro años atrás, cuando la crema de pepino aún obraba milagros. El 19 de noviembre del 2009, Varguitas escribió una columna sobre los anti-temas, “ ... las cosas que, ni fumándose un puro, uno oirá que se discuten en campaña política... los temas prohibidos, incómodos... que se barren debajo de la alfombra para no crear olas”.

Ese día adelanté una lista: 1. Estado laico 2. Impuestos 3. Matrimonio homosexual 4. Eutanasia 5. Aborto. Una semana más tarde, el 26 de noviembre, dije que varios lectores habían sugerido anti-temas como el embarazo en adolescentes, las placas de taxi o la falta de pago de las cuotas a la seguridad social. Concluí que los anti-temas “ ... son un llamado a ensanchar la discusión pública, enriqueciéndola con el libre juego de ideas contrastantes... la esperanza de que podemos discutir temas espinosos de manera civilizada ”.

Escarbar la memoria me ayuda a plantear dos preguntas actuales: en esta campaña electoral ¿siguen siendo anti-temas estos asuntos? ¿Hay otros? (Una tercera interrogante que prefiero no tratar es: y ¿a quién le importa?). Al comparar noviembre del 2013 con el del 2009, constato que mucha agua ha corrido bajo el puente. Los viejos anti-temas dejaron de serlo: en contraste con la anodina campaña del 2009, en esta han sido puestos sobre la mesa. Empero, ahí está el detalle: no han sido los partidos sino otros actores sociales quienes los están trayendo a la mesa.

El domingo pasado, la Iglesia católica movilizó a decenas de miles en contra de los anti-temas 1, 3 y 5 de mi top-five de hace cuatro años. Los principales candidatos fueron emplazados y contestaron. Y la cuestión de los impuestos fue colocada en la parrilla por el ministro de Hacienda y ningún partido se ha atrevido a descalificarlo diciendo que son puras ganas de asustar. O sea, Varguitas: ¿cómo que nunca se hablaría de estos temas? ¡Lleve p'al pinto!

“Desde afuera”, pues, hay emplazamientos a los candidatos, hecho novedoso al cual hay que poner atención, aunque la publicidad de los partidos siga como si nada. Sugieren que se están pergeñando cambios en la política costarricense. La gente quiere discutir, “está picada”. Intuyo realineamientos profundos que quizá no aflorarán con claridad en esta campaña electoral, pero que indudablemente emergerán a la luz de las duras decisiones que enfrentaremos en los próximos años. Ojalá entonces no reeditemos la discusión del “sí” y del “no” en tiempos del TLC. Esta vez necesitamos otro tipo de debate.

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