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Actualizado el 24 de octubre de 2013 a las 12:00 am

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¡ Déjà vu ! Se nos viene encima una complicadísima discusión sobre el tema fiscal y, a juzgar por las primeras reacciones al documento de Hacienda ( En Ruta a la Consolidación Fiscal ), corremos el riesgo de un refrito político. No había tocado tierra la propuesta de un diálogo nacional cuando empezó la olla de grillos: unos amenazan con paros, otros dicen que todo se arregla con meter tijera al gasto; los de allá: que lo único importante es que los ricos paguen más, y los de aquí: que la culpa es de esos grandes vagos que son los empleados públicos.

El común denominador de posiciones tan diversas como gastadas es que no hay nada de que hablar, pues el tanate nunca es culpa de uno, sino de los demás. Algunos expertos dicen que el problema “se generó” como si nadie fuera responsable, ni los Gobiernos que lo prohijaron ni los que se lucraron del statu quo, desde empresarios, partidos oficialistas hasta gremios públicos. Esa película ya la vi y, si no cambiamos el chip, terminará como siempre: en nada.

Habrá un pulso, pero los sectores lograrán mantener privilegios mediante negociaciones bilaterales con un nuevo gobierno necesitado de “pasar algo”. Un par de diputados en el Congreso trabarán todo y se aprobará una ley con errores. Luego vendrá el “salacuartazo” de rigor y, ¡pum!, la Sala se apea la ley. Así, o parecido, echaremos a la basura un par de años.

Solo que el 2014 no es el 2011 y, menos, el 2005. El tiempo ha pasado y estamos en aprietos fiscales mucho más serios por el lado de los ingresos, del gasto y el endeudamiento públicos. Empecemos por ser francos: cualquier salida será dolorosa, el tema es cómo se distribuirán los sacrificios. En el mejor de los casos, implicará una transacción política expresa acerca de quién aporta qué, para qué y cómo y, ojalá, un equilibrio en el que los principales beneficiarios del statu quo cedan algo para preservar lo importante: la capacidad del Estado para impulsar el desarrollo humano. La solución será bastarda o no será.

Hace un tiempo le oí a un destacadísimo intelectual decir que esa transacción era del tipo de “dando y dando” para evitar el otro resultado previsible, si no prosperara el “salacuartazo de rigor: que los paganinis sean los más débiles. Por eso, hay que huir de discursos gastados, hacer un esfuerzo colectivo por pensar distinto y entrar en un diálogo sincero con aquellos que no están en la lista de Navidad de cada quien. Hay medidas dentro del menú que presenta Hacienda con las que no estoy de acuerdo, pero me parece absolutamente afortunado que el ministro haya planteado esta discusión en plena campaña electoral. Ganamos tiempo y despejamos la cancha.

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Otra cosa es que nos embarquemos en el refrito.

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