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Actualizado el 19 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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En el año 2010 Costa Rica participó por primera vez en las pruebas PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos). Son exámenes que buscan medir la capacidad de los estudiantes de 15 y 16 años para usar sus conocimientos en la resolución de problemas de matemática, ciencias y lectura. En PISA participan estudiantes de los países más avanzados del mundo y un par de latinoamericanos (México y Chile). No son, pues, exámenes memorísticos. Permiten comparar el nivel de nuestros estudiantes con el de los mejores sistemas educativos del mundo, identificar áreas, magnitud y causas de sus debilidades.

Como era de esperarse, los niveles promedio de Costa RIca están lejos de los países más avanzados. Son similares a los de México y Chile, países que tienen mayores coberturas en secundaria que las nuestras. Hay importantes brechas tanto entre estudiantes de la educación pública y privada como dentro de la pública. Lo más interesante no es la comparación de promedios sino estudiar los “porqués”: ¿qué explica que a un estudiante le vaya bien en la prueba? Investigadoras de la Universidad de Costa Rica realizaron estudios para el IV Informe sobre el Estado de la Educación y concluyeron que, además de factores sociales y familiares, leer con más frecuencia y saber resumir un texto son asuntos claves.

Leer y saber leer: para eso no se necesita una revolución social, el 10% del PIB o una reforma educativa integral. Son hábitos que pueden ser inculcados desde chiquitos y en los que el trabajo de maestros y profesores hace toda la diferencia del mundo, aun en situaciones sociales malas. Es un tema de buenos docentes, currículum y acceso a materiales decentes. No es hardware sino software . Son cosas que podemos resolver con los recursos que ya destinamos a la educación.

Hay detractores, aquí y en el mundo, de las pruebas PISA. Unos afirman que son parte de un proyecto neoliberal para reconducir la educación. Están los que tienen reparos técnicos sobre las pruebas estandarizadas. Es inevitable la olla de grillos. Algunas críticas, ad hóminem, son pura ideología; otras, las más técnicas, son importantes de escuchar. Sin embargo, sería un error que, como quieren algunos, Costa Rica se salga de PISA. (Por dicha volvimos a hacerlo en el 2012). Nos quedaríamos sin herramienta comparativa de evaluación. Veremos si todo esto sobrevive al ministro Garnier. Es indispensable que sí.

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Otra cosa es para qué queremos participar en estas pruebas estandarizadas. Nos equivocaríamos si creemos que es una biblia que dice lo que hay que cambiar en educación. Es un buen auxiliar, ayuda a fijarnos metas, pero la responsabilidad de cómo matar las pulgas sigue siendo nuestra.

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