Opinión

Enfoque

Actualizado el 22 de agosto de 2013 a las 12:05 am

Opinión

Enfoque

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

De Daniel Ortega pueden decirse muchas cosas, excepto que no sepa manejar los tiempos con Costa Rica. Es ducho en el arte de enredarle los mecates a los ticos. Sabe que este Gobierno está debilitado, con poco apoyo popular y que cometió monumentales errores en la construcción de la trocha fronteriza. Entonces, acusa a Costa Rica por daño ambiental ("tome, chichí, una mancha para el país que dice ser un santuario ecológico"). Nos enreda el pleito en La Haya en el que éramos los ofendidos por la incursión en isla Calero y por las chambonadas ecológicas de ese renombradísimo ingeniero en obras fluviales de alto vuelo, Edén Pastora.

Silencio por un tiempo y, de repente, tensa el ambiente con lo de la reivindicación del Guanacaste. Sabe que no tiene nada que alegar, pero que generará todo tipo de protestas de este lado de la cerca; que el Gobierno tico reaccionará con palabras fuertes, algunas poco medidas, que del otro lado de la frontera pueden reinterpretarse como amenazantes. Nos pone a chillar y se hace la víctima. En resumen, en los últimos tres años él es quien administra los tiempos de nuestras complicadas relaciones y nosotros vamos a remolque.

Nos ha puesto a la defensiva y, a los ojos de la comunidad internacional, ha logrado encubrir acciones hostiles transformándolas en "otro enredo más" de vecinos malavenidos. Hacer esto desde un país con mala reputación internacional y una economía raquítica, mucho más que la nuestra, no es poca cosa. Nos caerá mal, pero se requiere astucia y conocimiento de la tusa con que se rasca, o sea, nosotros. Además, se necesita que los de este lado cometamos errores, como efectivamente lo hemos hecho.

¿Debemos tomarlo en serio con esto del Guanacaste? Y mucho, pero no porque las tropas nicas estén por marchar en Liberia, sino por otras razones. Primero, porque tenemos que salirnos de este baile donde él impone el paso. Necesitamos una estrategia distinta que no sea la de reaccionar ante desplantes. Segundo, porque lo verdaderamente importante son sus pretensiones de concesionar explotaciones petroleras en mares que tradicionalmente hemos pensado nuestros. Quiere definir a su favor fronteras marítimas actualmente no delimitadas a partir de hechos consumados. Y tercero, porque esto es parte del fortalecimiento del poder interno de Ortega alimentado por los petrodólares venezolanos, legitimado ante los empresarios por el reparto de negocios, ante los pobres por el reparto clientelar y, ante todos ellos, por la llamita de un pleito eterno con Costa Rica.

PUBLICIDAD

Ortega es un factor de poder centroamericano. Mal haríamos si lo menospreciamos como un mero "loquito". Puede que lo sea, pero tiene poder.

  • Comparta este artículo
Opinión

Enfoque

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota