Opinión

Enfoque

Actualizado el 01 de agosto de 2013 a las 12:05 am

Opinión

Enfoque

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

En los últimos días ha recrudecido un clima político al estilo de “el fin del mundo está cerca”, especialmente entre los grupos empresariales. Que la economía se hunde, que la restricción de crédito del Banco Central es la responsable de los males, que habrá fuertes pérdidas de empleo. Y no solo los empresarios. Los consumidores están más pesimistas y el panorama político sigue más enredado que una pelea de pulpos: un favorito vulnerable (el PLN), un PAC debilitado, un PUSC que apuesta a revigorizar el insuficiente reducto de calderonistas, y un Libertario con poca proyección electoral.

En esas condiciones, se dice, el próximo gobierno no tendrá margen de maniobra y estará en minoría parlamentaria. Y, para rematar, al gobierno actual nada le sale, los servicios públicos están carísimos y las protestas ciudadanas se desbordan. O sea, el futuro del país no vale una peseta.

Sin duda, en estas semanas cunde el nerviosismo, y el desasosiego se instaló rotundo. ¿Qué es lo que cambió en los pilares de la economía y la política como para que hoy todo se mire torcido? La verdad es que no mucho. Las limitaciones estructurales de nuestra economía, con un sector moderno poco vinculado y exonerado y vastos sectores tradicionales menos productivos, eran conocidas y siguen allí. La creciente desigualdad entre clases y territorios estaban ahí, lo mismo que un nivel de pobreza que no baja desde hace dos décadas. La inutilidad de la gestión pública viene de largo. El sistema político erosionado estaba allí. Teníamos déficit fiscal y un tipo de cambio pegado a la banda inferior. Y la incertidumbre internacional no ha cambiado mayormente. Ante esto, muchos se encogían de hombros. Ahora no.

¿Es exagerada la visión ácida del país o, de repente, tomamos conciencia del meteorito que nos va a impactar? Exagerar no es inocuo, tampoco minimizar las cosas. Un viejo teorema en sociología dice que, si las cosas se definen como reales, son reales en sus consecuencias. Traducción: si todos empezamos a creer que estamos al borde del abismo, puede ser que nos comportemos como si lo estuviéramos y al rato terminamos en un borde. Apelo a una relectura de nuestra situación.

PUBLICIDAD

Nuestra estabilidad económica y política es más precaria que antes, y nuestros problemas estratégicos se acumulan rápidamente, pero el margen de maniobra es mayor al que se reconoce. Somos más fuertes de lo que parecemos.

Postulo que la nuestra es, en lo fundamental, una crisis de orientación: no tenemos idea, como colectivo, de hacia dónde vamos y ello ha generado una terrible duda en todo el cuerpo social. La duda, más que la situación real, es lo que nos carcome y nos impide prepararnos para lo que pueda venirse.

  • Comparta este artículo
Opinión

Enfoque

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota