Opinión

Enfoque

Actualizado el 11 de julio de 2013 a las 12:00 am

Opinión

Enfoque

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Vaya, vaya: ¿quién decía que la Asamblea Legislativa estaba paralizada si la semana pasada hizo un aporte a la historia política universal? Hasta entonces. la humanidad conocía pocos métodos para propiciar cambios sociales profundos: una revolución, un golpe militar o reformas en democracia. Gracias al ingenio tico, ahora hay una nueva vía: aprobar cambios sociales “sin darse cuenta”. En efecto, la noticia que recorrió el mundo decía que el parlamento tico decretó una ley que inadvertidamente abre la posibilidad de las uniones entre personas del mismo sexo.

El nuevo método inventado tiene una ventaja y una desventaja. La ventaja es que los cambios no implican represión y muertos, como en las revoluciones o golpes, ni duras batallas políticas. Cero estrés y todo muy a la despreocupé : “Ups ¿de qué se trata lo que aprobé?” La desventaja es que nadie sabe qué pasó. Ahora tenemos a un ejército de abogados, unos dicen que sí se aprobaron las uniones gays y otros que no, y nos espera una batalla legal. O sea, todo muy a la tica, alambicado a la potencia enésima. ¿El único costo constatado de todo esto? Aparte del tiempo, algunas diarreas de ciertos diputados conservadores.

De ahora en adelante, gracias a nuestros parlamentarios, intentaremos resolver nuestros dilemas del desarrollo “sin darnos cuenta”. Por ejemplo: el nuevo gobierno tendrá que aprobar una compleja reforma tributaria. ¿Para qué pleitos? Alguien, vía moción, mete un articulito pareciendo dar potestades a Hacienda para cobrar nuevos impuestos mientras los diputados están en el cafetín y luego todo el mundo lo vota. ¿Vieron que fácil? Así se podría hacer también el cambio del régimen presidencialista a uno semipresidencialista. Claro, habrá que armarse de paciencia con las discusiones legales posteriores porque las mocioncitas tendrían, ni modo, un lenguaje muy ambiguo: el costo de hacerlo a la tica.

El tema de fondo es, hablando en general, la bajísima calidad de los diputados y de sus asesores parlamentarios. En la actualidad, los partidos están en el proceso de escoger candidatos a la Asamblea Legislativa. Siempre habrá una proporción de folclóricos y dirigentes locales. Está bien, es un reflejo de lo que esta sociedad es. Sin embargo, es clave que también incluyan una proporción sustantiva de sus mejores cuadros políticos e intelectuales porque la historia nos alcanzó: la próxima administración tendrá que lidiar con asuntos en los que hemos pateado el tarro por décadas, desde impuestos, reglamento parlamentario, fertilización in vitro , hasta la seguridad social. Y el método de las reformas “sin darnos cuenta”, un condensado de la negligencia, no deja nada, salvo ruedos rotos.

  • Comparta este artículo
Opinión

Enfoque

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota