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Actualizado el 04 de julio de 2013 a las 12:00 am

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¿Por qué está perdiendo paso la economía costarricense? Si uno observa el panorama internacional, vital para nosotros, las cosas no han cambiado mayormente: Europa sigue en recesión; no es sorpresa que China esté creciendo a un ritmo menor que antes; la recuperación de Estados Unidos sigue lenta e incierta y el precio del petróleo ronda los cien dólares por barril. Cierto: el café y la piña están en problemas, y esto afecta a miles de productores y trabajadores, pero el grueso del país ya no depende de esas actividades.

En el plano interno tampoco hay grandes novedades: la confianza del consumidor sigue en bajos históricos; el déficit fiscal del gobierno central está contenido, el nivel de inflación se ubica casi dentro de las metas previstas, las tasas de desempleo y subempleo no se han movido mucho, lo mismo que el tipo de cambio. En resumen, nada parece muy nuevo bajo el sol pero el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) va ahora decididamente para abajo y las expectativas de consumidores y empresarios sobre el futuro económico se han ensombrecido. ¿Qué nos pasa?

La verdad es que hay factores en el horizonte que enrarecen el clima de negocios del país. Las peladas con la concesión a San Ramón y la refinería son malas señales. Un grupo de economistas apunta que las recientes políticas del Banco Central pusieron una tapa al crecimiento; que las restricciones al crédito dieron malas vibras al sector productivo y que la defensa del régimen de bandas cambiarias ha sobrevaluado al colón, lo que ha terminado por encarecer a las exportaciones ticas. Se ha hablado, incluso, de que padecemos la enfermedad holandesa. El Banco Central lo niega, por supuesto. Lo cierto es que nos enrumbamos a una situación complicada de bajo crecimiento económico, baja inflación y poca generación de empleo y los factores que la propician parecen no estar localizados en el plano internacional, sino en el interno.

Mi impresión es que, además de factores económicos, el bajón está siendo propiciado desde la política. Pienso en un proceso electoral que no levanta, como antes, ilusiones de enmienda (se cree que será más de lo mismo) y en la convicción de que el próximo gobierno la tendrá cuesta arriba desde un inicio. Depresión total. Ahora bien: ¿Será un bajón coyuntural o, por el contrario, el inicio de un ciclo más o menos prolongado de mal desempeño de nuestra economía?

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Varios expertos, desde perspectivas distintas, señalan síntomas de agotamiento en el estilo de desarrollo hacia afuera basado en exonerar exportaciones. Y que, por tanto, son esperables comportamientos económicos erráticos. Si así fuera, tenemos enfrente un hueso muy duro de roer.

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