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Actualizado el 06 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

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A como está la cosa, pienso que lo importante en las elecciones del 2014 no es quién finalmente gane. Alguien lo hará, por un marcador ralito estilo 1-0 o así, pues toda elección produce un vencedor, hasta la que matan de hastío. Esta vez el verdadero problema es otro: a quien venza, el triunfo no le alcanzará para asegurarse un mandato fuerte que dé al país nuevo rumbo y logre la confianza ciudadana. Quizá me equivoco, los pegabanderas se maten por un puesto y algún ego quede satisfecho viendo su foto por todos lados. Pero el resto del país está avisado que si nada cambia, la próxima vez seleccionaremos prójimos pero no resolveremos ninguno de los problemas políticos de fondo.

¿Por qué? Antes dije: “a como está la cosa”. Liberación Nacional está desvencijado, un caballo viejo que ya dio todo de sí. Hace rato se quedó sin proyecto reformista, su esencia, y está muy reducido a franquicia de empresarios de la política con poco en común, excepto la vocación de poder. Y, sin embargo, es lo más estructuradito que hay. El PAC está en un limbo, atenazado por pugnas internas y sordo al mundo exterior. El PUSC en su larga agonía es de esos muertos que nunca mueren, una fea manera de ser inmortal. Y el Libertario, ¿qué decir? Ideológicamente desdibujado, apuesta a representar el cabreo ciudadano. Resumo: a Liberación lo poquito que tiene le alcanza para ganar elecciones, pero no para gobernar bien. Hasta su lema de que sabe hacerlo está maltrecho por la impopularidad del Gobierno actual.

Todo está pegado con mocos. En este pleito entre anémicos la ciudadanía observa de lejos, poco implicada. Igual gana el PLN o surge un campeón del malestar y desata un sunami electoral, como Fujimori en el Perú de 1990. En cualquier hipótesis, el nuevo gobierno enfrentará un jeroglífico: cumplir promesas mientras reduce el abultado déficit fiscal que heredará; cumplir la misión imposible de aprobar una reforma tributaria, recortar al gasto público y maniobrar frente a grupos de interés que todo piden, pero no conceden ni un milímetro. Me pregunto acerca de la sanidad mental de candidatos dispuestos a someterse a la tortura del descrédito exprés.

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Aunque no lo crean, mi análisis no lleva a un callejón sin salida. Dije antes “si nada cambia”. El país está listo para un gobierno de coalición, tanto en el Ejecutivo como en el Congreso. Para decirlo en lindo: régimen presidencialista, sistema multipartidista y gobierno de coalición. Ministros de distintos partidos y sectores con base en un programa común. Creo que no solo la oposición debe considerar esto. Veo al PLN urgido de una propuesta así si quiere abrir la perspectiva de un gobierno más representativo de las demandas ciudadanas.

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