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Actualizado el 05 de enero de 2014 a las 12:00 am

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Recuerdo una entrevista en la que se le preguntó a Tony Blair sobre cuáles serían las tres prioridades de su próximo gobierno, y, sin dudarlo, respondió: “Educación, educación, y educación”. No podría estar más de acuerdo con él.

La excepcionalidad de nuestro país se ha cimentado justamente en la comprensión del papel fundamental de la educación para la construcción de una nación que busca brindarle bienestar y oportunidades al mayor número.

Hoy, 6 de cada 10 costarricenses no terminó el colegio, y nuestros indicadores en la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) dejan mucho que desear. Si nos medimos en relación con otros países de América Latina, podríamos caer en el falso espejismo de pensar que estamos bien, pues seguimos en el segundo puesto después de Chile en lectura y ciencias, y en el cuarto en matemáticas, pero comparado con otros países del mundo no es así.

En relación a los otros 65 países medidos por la OCDE estamos en el puesto 56 en matemáticas y 47 en lectura. Más grave aún: cuando comparamos los porcentajes de estudiantes costarricenses con la media de los países OCDE, nuestros jóvenes están por debajo, casi el doble, en lectura (32% a 18%) y el triple en matemáticas (60% a 23%).

Sin duda, cosechamos hoy las carencias en inversión educativa durante la década de los ochenta. Además, existe también una falta de alineamiento entre la nueva economía basada en el conocimiento y un sistema educativo que se enfoca en contenidos y el aprendizaje mecánicos.

Si el pasado y el presente no son suficientemente motivadores, hemos de tener en cuenta el futuro. Según el reciente foro “Empleabilidad en Costa Rica desde la formación universitaria”, dentro de 20 años Costa Rica se estancará en 6 millones de habitantes, lo cual repercutirá en el crecimiento productivo y podría afectar el nivel de bienestar de las personas.

Debemos ir hacia un sistema educativo que no alimente y, más bien, ayude a disminuir los crecientes y preocupantes niveles de desigualdad (Gini), y hacia una mejora en la calidad del sistema educativo en todos sus niveles: fortalecer las habilidades y competencias de nuestro personal docente y trabajar de manera importante en la pertinencia.

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Gracias a las tres entregas del Estado de la Educación en Costa Rica y sus recomendaciones, contamos con un excelente punto de partida para un gran acuerdo nacional en torno a la educación y cómo convertirla en una de nuestras máximas prioridades. Pasemos de las palabras a los hechos para que, en el inicio del 2034, celebremos los aciertos de nuestra generación.

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