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Diabetes, bomba silenciosa

Actualizado el 25 de agosto de 2013 a las 12:10 am

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Diabetes, bomba silenciosa

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Las poblaciones de los países pobres y de ingreso medio comienzan a enfrentar importantes problemas en su salud, similares a aquellos que aquejan a las personas que residen en los países ricos, pero con el agravante de que no cuentan con los recursos económicos para enfrentarlos. Según la OMS, la diabetes y prediabetes tendrán un mayor impacto para los países de ingresos medios y bajos.

En América Latina, y especialmente el Caribe, la diabetes ha alcanzado los porcentajes más altos en el mundo. México es hoy uno de los países con mayor sobrepeso, incluso más que los Estados Unidos y es sexto en diabetes a nivel global. En Costa Rica, 1 de cada 10 padece la enfermedad, y 6 de cada 10 tienen problemas de sobrepeso.

Sin duda, la mayor capacidad adquisitiva de la población, la urbanización poco planificada, con deficiente infraestructura vial y de transporte, inseguridad y escasos espacios para el deporte fomentan estilos de vida poco saludables, que se traducen en una tendencia ascendente en las enfermedades crónicas, entre ellas, la diabetes.

Según la OPS, el sobrepeso y la obesidad, factores asociados a la diabetes, están aumentando en personas de todas las edades a niveles alarmantes en la región. De no realizar cambios, en América Latina el número de diabéticos podría subir de 25 millones a 40 millones para el 2030.

En momentos en que celebramos que la CCSS ha mejorado sus finanzas –una buena noticia–, no olvidemos la profunda crisis en que se halla la institución (ej. 650.000 citas en espera, falta de especialistas, pobre infraestructura, etc.), y evitemos los errores y falta de planificación del pasado.

Si no tomamos medidas preventivas hoy, no habrá presupuesto de la CCSS que pueda enfrentar la atención de las enfermedades crónicas que además se presentan preocupantemente en edades cada vez más tempranas.

Recordemos, además, que, en casos como la diabetes, esta tiene factores de riesgo adicionales, pues se asocia con enfermedades cardiovasculares y renales, y que, de no ser controlada, puede ocasionar ceguera o la pérdida de alguna extremidad por amputación.

Lo bueno es que siempre serán mejores y más económicas la políticas de salud preventivas que las curativas. La prevención es posible y la receta, sencilla. Se deben incentivar estilos de vida más saludables, hábitos alimenticios que eviten el sobrepeso, disminuyan el consumo de grasas y aumenten la ingestión de alimentos ricos en fibra, así como el ejercicio y realizarse un control médico anual. ¿Qué esperamos? Estamos a tiempo.

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