Opinión

‘Déjà vu’ otra vez

Actualizado el 09 de agosto de 2017 a las 10:00 pm

Opinión

‘Déjà vu’ otra vez

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

El destino nos alcanzó. Luego de años de gritar “¡viene el lobo!” en el tema fiscal, el bicho asomó hocico y orejas. El presidente, Luis Guillermo Solís, anunció que el Gobierno tiene problemas de liquidez, ordenó medidas de racionalización del gasto y urgió al Congreso reformar los impuestos de venta y de renta. De paso, hizo revisionismo histórico argumentando que desde el inicio había estado muy preocupado por el problema fiscal.

En vez de discutir si el anuncio presidencial fue alarmista o no, les propongo resolver esta adivinanza: ¿Cuál creen ustedes que fue la tónica política luego del anuncio? Opción A: pleito sobre quién es el culpable del problema fiscal: ¿Los empleados públicos? ¿Los ricos? ¿Liberación Nacional? ¿El PAC? Opción B: negar la gravedad del problema. Opción C: los partidos políticos iniciaron un diálogo informado, sin precondiciones, para lograr un acuerdo sobre la reforma fiscal antes de que el nuevo gobierno asuma.

¡Chingo de adivinanza! Más fácil quitarle la chupeta a un bebé. Hasta Varguitas había cantado la opción correcta …y hace más de dos años. Dijo que las partes enfrentadas por el tema fiscal sabotearían cualquier reforma hasta asegurarse que ellos no harán el sacrificio. ¡Obvio microbio!

El punto, hoy, es puramente práctico: ¿Hará o no el sistema político algo para evitar que las dificultades de liquidez del Gobierno evolucionen hacia una crisis fiscal a toda madre, que afecte a la población y al clima de inversión? Si hay algún sentido de responsabilidad, debería moverse con rapidez, pues de lo contrario el nuevo gobierno no solo podrá heredar una crisis, sino que tendrá que reanudar la discusión casi desde cero.

Solo ahora los partidos tienen algún incentivo para arreglar el problema: varios albergan la esperanza de llegar a ser gobierno y, en principio, preferirían que esta administración cargue con el costo político de medidas impopulares sin que, además, pueda echar mano ni a un cinco para hacer clientelismo electoral. Pasadas las elecciones, los perdedores tendrán poco incentivo para colaborar.

El problema es que los partidos están partidos y varios congresistas son simples correas de transmisión de ciertos grupos fácticos. La ventaja es que el diseño de la solución ya lo había planteado el exministro Ayales hace cuatro años: reformas simultáneas por el lado del ingreso, gasto y la gobernanza fiscal. ¡Dejen de “minguear” y muévanse!

  • Comparta este artículo
Opinión

‘Déjà vu’ otra vez

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota