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Curriculaje

Actualizado el 22 de mayo de 2016 a las 12:00 am

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El curriculum vitae (CV) ha vuelto obsoletas las cédulas de identidad y las pruebas de ADN. Es frecuente que la competencia laboral tenga lugar, no entre personas de carne y hueso sino entre encuadernados bloques de celulosa o interminables registros electrónicos subidos a la red. Cuando un destacado intelectual autodidacta declaró ser “un hombre sin currículum”, la institución en la que enseñaba estuvo a punto de sindicarlo de terrorista.

“Tengo CV, luego existo”, pareciera ser el lema obligado dentro de los rangos vocacionales y profesionales de instituciones y empresas, y son incalculables las decisiones que se toman exclusivamente con base en el volumen físico de los CV. Algo nos dice que, incluso, debe de existir la carrera profesional de curriculogía: de no ser así, ¿de dónde surgen tantos autores de manuales sobre la elaboración de unos documentos equivalentes a certificados de performance de caballos famosos?

Alguna vez, la mala suerte nos ubicó en medio de una reunión convocada para reflexionar sobre la importancia de los CV. Entre los aspectos debatidos figuró la necesidad de desarrollar, en jerarcas y administradores, destrezas que les permitieran descubrir, en los CV, datos fraudulentos y elementos meramente publicitarios o cosméticos. Ahí nos enteramos de que en el argot curricológico tienen curso expresiones clasificatorias como la de “uno de paseos a Punta Leona”, utilizada para señalar un CV atiborrado de datos irrelevantes, tales como cursos de posgrado de diez horas de duración o visitas a museos disfrazadas de giras científicas. El orador que propuso la idea de declarar que un CV es una autobiografía abreviada pero completa, fue refutado por otro para quien las autobiografías no son más que CV farragosos e inútiles porque “lo habitual es que los autores las escriban –o se las encarguen a sus negros literarios– cuando ya han llegado a la edad en la que no tiene sentido seguir curriculeando”.

Los recursos computacionales vinieron a complicar las cosas, tanto para curricólogos como para curriculohabientes. Las redes sociales, con sus “adivinen con quién almorcé hoy” de politiquillos palaciegos, se han convertido en un CV colectivo en tiempo real. Justamente en estos días, se descubrió que, con el fin de no revelarse como tardío metrosexual, un septuagenario dado al autobombo había omitido en su CV la fecha de nacimiento. No contaba con que un amigo, curricólogo y abogado, se interconectaría con el Registro Civil y le podría fin al secreto.

Fernando Durán es doctor en Química por la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la Universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector de la UCR en 1981.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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