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Cortázar en ‘motoneta’

Actualizado el 17 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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Cortázar en ‘motoneta’

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La casualidad me deparó el placer de hacer la sobremesa, en La Casita Azul , con mi hija Sylvie y cuatro amigos, el joven escritor Warren Ulloa y tres guanacastecos: el filósofo Alexander Jiménez, el agrónomo Santiago Porras y el empresario Domingo Flaqué, otrora mi correligionario en la asamblea plenaria de un partido político. Para empezar, como consuelo por mi envejecimiento, Alexander me obsequió el libro que contiene la transcripción de las lecciones impartidas en 1980 por Julio Cortázar en la Universidad de California –Berkeley– y, al recibirlo, se me ocurrió repetir la anécdota de otro amigo, Armando Campos Santelices, y su “motoneta”.

Armando, chileno que ahora es tico, profesor de la UCR, a quien estimo mucho y veo poco (pero siempre en esa calle de la Amargura cuya frecuentación me recriminó en la prensa un idiota irremediable), me había contado un episodio de juventud que le envidiaré siempre y, si pudiera, se lo cambiaría por mis diplomas académicos: iba él en “motoneta” por una avenida de Santiago de Chile y, cuando vio frente a un hotel a Julio Cortázar en evidente actitud de buscar un taxi, se le ocurrió la humorada de aparcar delante del escritor y ofrecerle, sin mayor esperanza, llevarlo hasta su destino. Sin pensarlo dos veces, el genial argentino le aceptó el raid y, de ese modo, Armando se convirtió en el orgulloso “mototaxista” de Cortázar y su gabardina. Una cosa lleva a la otra: Warren mencionó el cuento de Cortázar La noche boca arriba , en el que, como se recordará, es esencial un accidente motociclístico del personaje. Simultáneamente, Warren y yo saltamos sobre la peregrina posibilidad de que la idea de escribir aquel cuento se le hubiera ocurrido a Cortázar mientras Armando lo conducía en su “moto” de estudiante por las calles de Santiago.

No fue así, desde luego, pero días después leí, en el libro que me había regalado Alexander, que Cortázar reveló a sus alumnos de Berkeley el haber concebido La noche boca arriba –relato que todo buen lector debería devorar varias veces– después del grave accidente que sufrió en París al evitar atropellar con su motocicleta a una mujer muy anciana. En los primeros días de hospitalización cayó en un estado febril que lo llevó a fundir en un solo personaje a un motociclista accidentado en el siglo XX y a un indígena mexicano precolombino perseguido y capturado por los aztecas para sacrificárselo a los dioses. Así tuvo origen el cuento, y que el accidente parisino hubiera ocurrido muchos años antes que el raid en “motoneta” por la capital chilena, prueba que su autor no le tenía miedo ni a Lucifer.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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