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Correlación de fuerzas

Actualizado el 05 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

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Correlación de fuerzas

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Hoy ando en onda fundamental, listo para hablar en cuti. Escribo sobre el tema de la correlación de fuerzas, un viejo concepto originado en las teorías políticas de la revolución. O sea, ando lluvioso y hasta arcaico, pues, ¡diay!, el tiempo no pasa en vano y la melancolía, tampoco.

Correlación de fuerzas: el balance de poder entre distintos grupos, balance que surge de las capacidades económicas, organizativas, morales y técnicas que cada uno posee y puede movilizar para la acción política. Es una correlación porque el poder de uno se mueve en relación con el del otro. Funciona como el póker: a veces uno tiene una muy buena mano, juega fuerte y se suena a los demás; en otras, la cosa está muy comparada y el éxito depende de la habilidad para hacer creer que se tiene una buena mano. Y, cuando las cartas son malísimas, la cosa es ver cómo no perder tanto. También ocurre que uno se “enchola”, y apuesta fuerte porque cree tener una mano ganadora, y pierde hasta la camiseta.

En política es fundamental entender la correlación de fuerzas en la que uno está metido y cómo varía para no correr riesgos innecesarios. Hay que ser frío en eso y no caer en el autoengaño: creerse que, como la causa de uno es moralmente superior, la historia premiará y Dios protegerá la inocencia. Aunque el corazón diga lo contrario, nunca se debe atacar a campo abierto cuando se está en posición de debilidad, porque eso conduce, tarde o temprano, a una derrota estratégica.

¿En cuál correlación de fuerzas estamos hoy en este país? Ninguna fuerza política tiene capacidad de imponer sus posiciones al resto y, en este panorama, el gobierno es una fuerza menor. Cualquiera que procure una ofensiva por su cuenta, terminará desgastado, a menos que monte una coalición estable, algo por el momento difícil. Aquí estamos en un impasse: nadie hace ni deja hacer. En el plano social, la cosa cambia: la correlación es más favorable a los sectores empresariales que a los sindicales, confinados estos últimos a un sector público en crisis y con poco apoyo ciudadano. En tales condiciones, cuanta más ofensiva sindical haya, peor serán los resultados para su correlación de fuerzas, porque son el polo débil.

¿Conviene un país sin sindicatos? No, porque los trabajadores requieren la capacidad de negociación colectiva. ¿Conviene al país tener sindicatos que defienden el statu quo ? Tampoco, porque sería fuerzas retardatarias.

Lo que está por venir es una situación volátil, y un error de cálculo de cualesquiera de las fuerzas afectará al país.

(*)Jorge Vargas Cullell es gestor de investigación y colabora como investigador en las áreas de democracia y sistemas políticos. Es Ph.D. en Ciencias Políticas y máster en Resolución alternativa de conflictos por la Universidad de Notre Dame (EE. UU.) y licenciado en Sociología por la Universidad de Costa Rica.

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