Opinión

Convención del PLN

Actualizado el 13 de abril de 2017 a las 12:00 am

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De la pasada convención liberacionista podemos sacar varias conclusiones. La primera, y más evidente, es que el arismo es, por el momento, hegemónico dentro del partido. Derrotó en enfrentamiento abierto al liberacionismo tradicional, agrupado por el figuerismo. Es la segunda vez en ocho años que logra poner a un candidato presidencial que no es pariente de Arias.

La segunda conclusión, también evidente, es que Liberación Nacional sigue siendo el partido más grande en Costa Rica, pero está encogiéndose a ojos vistas. En la convención del 2017, participaron cerca de ciento cincuenta mil personas menos que en la del 2009, la última con el mismo formato, pese a que el electorado aumentó en medio millón de personas en ese período. Eso dice que su “marca” se ha erosionado.

Los graves problemas organizativos del partido para administrar su propio proceso y la denuncia, por parte del candidato a la postre ganador, de un posible fraude para quitarle el triunfo, son todo un manifiesto. Hablan sobre la anémica situación de la estructura partidaria y la profundidad de las grietas políticas. Sobre esto último, sin embargo, no tengo duda de que el prospecto de una posible vuelta al gobierno, con reparto de nombramientos y todo, es un incentivo poderoso para la tregua y que al final llueva para todos.

¿Qué nos dice esta convención de cara a la campaña electoral que se viene? Don Antonio Álvarez mostró habilidad política para movilizar el antifiguerismo, pero no ha articulado un mensaje y figura novedosos que apelen al electorado joven, que dominará en el 2018. En esto, fue “X” un flanco débil que tendrá que rápidamente subsanar. No le ayuda estar rodeado por figuras de las que no puede decirse vienen a renovar la política. Mientras no haya crisis y el gobierno no se la pele, es difícil vender un candidato del statu quo.

El PLN moviliza entre un 12% y un 15% del electorado y entre todos los partidos del país, entre un 30% y un 35%. La mayoría, los sin partido, se decidirán hacia el final de la campaña y por la personalidad que más lo conecte. Uno puede pensar en, otra vez, una campaña política volátil abierta para cualquiera.

A menos que la situación política cambie dramáticamente, eso significa que el partido ganador habrá reunido los votos para vencer, pero, a menos que arme un gobierno de coalición, tendremos nuevamente un Ejecutivo débil y en minoría parlamentaria. O sea, más de lo mismo.

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