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Actualizado el 19 de julio de 2015 a las 12:00 am

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El 30 de julio se cumplen 65 años del primer voto de las mujeres en Costa Rica. Gracias a décadas de lucha, la Constitución Política promulgada en 1949 finalmente le confirió el derecho al voto al 50 por ciento de la población.

Fue en 1950, en un plebiscito para definir si La Tigra y La Fortuna pertenecían a San Carlos o a San Ramón, que las mujeres tuvieron la oportunidad de votar por primera vez.

Bernarda Vásquez Méndez, campesina de La Tigra, fue la primera mujer que votó, derecho que finalmente ejercieron todas las mujeres en 1953, momento en el que también resultan elegidas las primeras diputadas: María Teresa Obregón, Ana Rosa Chacón y Estela Quesada.

Para las nuevas generaciones tal conquista podrá parecer un lejano capítulo en las luchas por la equidad, y quizás como en mi caso sientan a veces desazón frente a los lentos avances e incluso retrocesos que enfrentamos cuando luchamos contra las discriminaciones por razones de género, empero tal celebración opera también como un recordatorio de cómo mi madre y las generaciones que la antecedieron nacieron sin contar con este derecho.

Uno a uno los techos de cristal fueron derribados por pioneras mujeres que fueron elegidas diputadas y alcaldesas, o fueron nombradas en ministerios; hemos tenido además numerosas vicepresidentas y los tres Poderes de la República han contado con una mujer como jerarca.

Si bien las ciudadanas han ejercido su derecho a elegir, no han alcanzado plenamente su derecho a ser elegidas.

Pese a las acciones afirmativas existentes, aún hay desafíos, como lo muestra la espuria representación en alcaldías o el retroceso en la actual legislatura del 38,6% (2006) al 31% (2014).

Esto sucedió como resultado de que en una mayoría de partidos las papeletas de las provincias fueron encabezadas por hombres y que varios de ellos eligieron solo un diputado, de ahí que ahora lo procedente, para respetar el espíritu de la paridad, es aprobar una nueva reforma a la ley que incorpore el principio de alternancia no solo verticalmente, sino también horizontalmente. Esto es que al menos tres provincias sean encabezadas por mujeres.

Por otra parte, y de cara a las próximas elecciones municipales, en tanto no haya reformas a la ley, los partidos políticos deberán realizar un verdadero esfuerzo y brindar recursos y capacitación para que las mujeres no queden relegadas como en la actualidad, a puestos no elegibles o a vicealcaldías.

(*) Nuria Marín Raventós es licenciada en Derecho por la Universidad de Costa Rica y máster en Artes liberales por Harvard University. Es cofundadora y vicepresidenta del grupo empresarial Álvarez y Marín Corporación.

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