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Actualizado el 04 de enero de 2015 a las 12:00 am

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A inicios del pasado diciembre, la división de cine del emporio japonés Sony Pictures fue atacada por el grupo de hackers autodenominado “Los Guardianes de la Paz” o #GOP, en una nueva versión de las graves amenazas que enfrentamos en nuestra privacidad, libertad de expresión y seguridad.

Los servidores de Sony estuvieron fuera de servicio por varios días, se publicitó información confidencial de miles de empleados, los derechos intelectuales de varias películas fueron violentados, y ni qué decir del revuelo causado por la revelación de controversiales correos electrónicos de altos ejecutivos de la firma.

Según el Gobierno de Estados Unidos, el ataque se originó en Corea del Norte debido a su indignación ante el inminente estreno del filme The Interview , una comedia que satiriza el asesinato ficticio del líder norcoreano Kim Jong-un.

El caso de Sony es la punta del iceberg de un tema que cada día cobra mayor relevancia: la ciberseguridad, sobre la cual no se ha tomado plena conciencia, ni tampoco sobre sus efectos: entre otros, el creciente impacto en los costos de producción, y su prioridad en la diplomacia y en las nuevas estrategias de defensa.

Sony es una víctima más en una larga cadena que incluye a empresas como Target, Adobe o Ebay en un tema tan relevante que, solo en el 2013, se han perdido 800 millones de datos. ( The Economist , julio 2014).

Ciberespionaje, cibercrimen, cibervandalismo y ciberterrorismo son nuevos vocablos que las empresas y Gobiernos deben agregar a su línea de defensa en un mundo cada vez más dependiente de la Internet, de las comunicaciones y de la tecnología digital. Una llamada de atención, sin duda, para todos, a fin de prevenir y contar con planes de operación alternos.

La experiencia de Sony Pictures nos deja lecciones en cuanto a las graves amenazas a la seguridad, pero la mayor enseñanza es no dejarse nunca amedrentar, ni permitir que se coarte la libertad de expresión, derecho que es pilar esencial de toda democracia.

Dichosamente, el peso de la opinión pública pudo más que la decisión inicial de los altos ejecutivos de Sony de no sacar la película al aire. Al final, el filme The Interview fue estrenado en más de 300 salas de cine y puesto a la venta en Internet.

Buena o mala, esta película simbolizará la férrea decisión de una ciudadanía dispuesta a defender la libertad de expresión y su manifestación de que no se dejará doblegar ante ninguna amenaza.

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