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Campaña del 2008

Actualizado el 25 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

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Campaña del 2008

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Oficialmente se inició la campaña presidencial en Estados Unidos y debo reconocer que añoro el tono y energía positiva de la campaña de Obama del 2008, un llamado a la reflexión en Costa Rica.

Vale recordar cómo, durante esa campaña, los Estados Unidos y el mundo vivían la peor crisis económica en 70 años, luego de la Gran Recesión de 1929. Era un momento de grandes temores e incertidumbre, lo fácil era criticar o señalar culpables, pero la campaña y luego el gobierno de Barack Obama se concentraron en transmitir un mensaje de unión y esperanza.

Obama demostró que el cambio prometido no significa oponerse a todo lo propuesto por el gobierno anterior, como lo demuestran algunas medidas económicas adoptadas y otras a las que se les dio continuidad.

Demostró también que a veces hay que tener fortaleza para dar un giro de 180 grados como lo hizo en política exterior, ante los problemas de credibilidad luego de la injustificable guerra en Irak del 2003, divisiones entre la “vieja y nueva Europa”, tensiones con aliados históricos y el debilitamiento ocasionado al derecho internacional y organizaciones multilaterales.

De la profunda crisis del 2007-2008, el mundo pudo salir gracias a la acción conjunta de las naciones, entre las que destaco el G20, y la acción orquestada de varios organismos multilaterales, sin dejar de reconocer preocupaciones importantes y pendientes como el ensanchamiento de las desigualdades.

Resulta incomprensible cómo ocho años después, y en una coyuntura más favorable, en esta campaña abunda el odio, la xenofobia, la discriminación por género y religión, antítesis de los cimientos fundacionales de los Estados Unidos.

Justo es reconocer cómo los Obama representan a una familia refrescante e inspiradora, no por tratarse de la tradicional familia biparental, sino por su auténtico afecto, respeto mutuo y contagiosa camaradería.

Michelle Obama es un epítome de lo que una mujer integral y empoderada puede ser, libre y segura de sí misma, desprendida al posponer su brillante carrera, pero decidida en utilizar su poder en favor de las causas que la apasionan.

Obama supo cautivar a una juventud históricamente ausente en las campañas. Guardo como un lindo recuerdo el haber estado en el 2009 en Washington DC, el día de su toma de posesión, y sentir la energía y el optimismo de un pueblo que no solo rompió con sus prejuicios raciales, sino que apostó por la unión y la esperanza.

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