Opinión

De la Redacción

Camiseta guardada

Actualizado el 05 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

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Camiseta guardada

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Mi camiseta tricolor está guardada. Por primera vez en la vida no me va ni me viene lo que haga o no la Selección Nacional de Fútbol.

La jauría que desató la Fedefútbol contra el señor Jorge Luis Pinto después del histórico papel hecho por el bolompié tico en el Mundial Brasil 2014 me lavó la voluntad por completo.

No me bajan para nada el presidente Eduardo Li, ni el tesorero Rodolfo Villalobos, ni el ahora técnico Paulo Wanchope (ganador del Premio Serrucho), ni mucho menos un tal Perozzo, cultivador de cizaña.

Y, para ser totalmente sincero, les digo que, incluso, algunos futbolistas me defraudaron con su actitud de malagradecidos ante Pinto.

Para rematar su triste desempeño, el señor Li, el mismo que tiene sumido al fútbol menor en una racha histórica de fracasos, se niega a reconocerle a Pinto el premio que merece por los logros en el Mundial.

¡Qué vergüenza! Ese estímulo monetario debió haber sido aprobado de inmediato y de oficio por dirigentes de verdad, conscientes del beneficio que trajo Pinto al fútbol tico, a pesar de vivir un infierno rodeado de mediocres que no soportan la exigencia en sus funciones.

Fue muy triste ver a los funcionarios de la Fedefútbol desfilando en los medios de comunicación para tirarle barro a Pinto y atender los requerimientos de sus mezquinos superiores.

Para mí, quedó en evidencia que Perozzo, quien fue traído al país como experto componedor, fracasó rotundamente en sus funciones y, antes que reconocerlo, se dedicó durante meses a echarle encima a Pinto al resto de empleados federativos.

Los mal llamados “dirigentes” no fueron capaces de parar la jauría y más bien la atojaron.

Y se lo pruebo con las mismas palabras del señor Perozzo, publicadas por La Nación el sábado 26 de julio.

“En enero me reuní con los de la Federación y se lo dije: ‘Prepárense para un desmadre’”. ¡Qué clase de sociólogo y psicólogo componedor! Ante tal confesión no cabía más que el despido de inmediato. Pero no, el hombre siguió en su tarea demoledora.

Y agregó: “Me mandó para el carajo (Pinto) y yo lo hijueputié también”. He aquí el retrato del psicólogo a cuerpo entero.

Por los demás servidores que se quejaron de los “maltratos de Pinto” solo sentí pena. Y les confieso que por algunos colegas periodistas también.

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