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Actualizado el 31 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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La salud es un pilar fundamental en la dignidad y calidad de vida de que gozamos todos los costarricenses, y, dentro de este gran logro, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) ha jugado un rol fundamental, pues ha conseguido, entre muchos otros indicadores de éxito, que en Costa Rica contemos con niveles de expectativa de vida similares a los de países desarrollados.

Mientras en Estados Unidos, la más importante economía del mundo, aún hay fuerzas que debaten y se oponen a la aplicación de la ley conocida como “Obamacare,” que, técnicamente, les abrió las puertas a la cobertura médica a más de 40 millones de personas, en nuestro país contamos desde hace más de 70 años con un sistema universal y solidario que ha sido referente en el mundo.

Vale reconocer el mérito y visión pionera del gobierno del Dr. Calderón Guardia, quien nos legó este baluarte, entre otras garantías sociales, desde la década de los 40 del siglo pasado. Conquistas que Don Pepe mantuvo luego de los hechos del 48, a pesar de las presiones de grupos conservadores. Dichosamente, la cobertura y la calidad han sido, además, fortalecidas por la mayoría de los siguientes Gobiernos.

Pese a importantes esfuerzos por estabilizar su situación financiera y de gestión, la institución, como muchos de sus pacientes, se encuentra en cuidados intensivos y continuamente enfrenta focos que la desestabilizan: entre los más recientes, graves problemas en el Hospital Calderón Guardia, faltante de especialistas en Limón y el cierre de quirófanos en el Hospital México. Y ¡ni qué decir de las advertencias de insostenibilidad del régimen de IVM!

No es posible que haya pacientes que, con 57 años, sientan que “ya no son prioridad” para la Caja, o que personas con un diagnóstico de cáncer de colón sean devueltas a Guanacaste sin una respuesta sobre cuándo recibirán el procedimiento requerido.

Hay 174.000 pacientes esperando intervenciones quirúrgicas, y en algunas especialidades se requieren hasta dos años para tener espacio. Resulta tragicómico que una embarazada de Limón “deba esperar” 869 días para ser atendida por un especialista. Todo esto ha sido reconocido por altas autoridades de la institución.

No es posible que la CCSS, necesitando recursos, tenga como uno de sus grandes deudores al Estado, que 7.972 funcionarios públicos estén morosos, o que un colegio privado adeude más de ¢500 millones y no sea clausurado.

El salvataje y la recuperación de la CCSS, con servicios a tiempo y de calidad, sobre todo ante el crecimiento de enfermedades crónicas y los cambios de la pirámide demográfica, deben tomarse como máxima prioridad y un buen legado para las próximas generaciones.

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