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Actualizado el 12 de abril de 1995 a las 05:15 pm

Gobernar, coherencia

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Don Bernal Aragón y don Oscar Soley. Dos figuras políticas desde posiciones antagónicas. El primero desde las filas del PUSC, el segundo desde el PLN. Ambos coinciden en la página 14-A de La Nación del lunes 10 de abril con artículos que plantean una creciente demanda nacional al gobierno: mayor sinceridad y raciocinio en su conducción del país.

Aragón muestra la grave desconfianza que por meses ha carcomido a las relaciones oposición-gobierno. "Es... imperativo -dice- limpiar la acción y el discurso político de las trampas y artimañas que lo prostituyen".

Aún así, Aragón abre puerta a la esperanza de avanzar hacia una concertación política aunque la matiza, en parte, sombría al denunciar el desmadre interno del gobierno donde ministros y viceministros ni coordinan, ni se hablan o donde -según su dicho-, el ministro de Hacienda ni asiste a la sesiones del Banco Central.

Plantea Aragón también dudas sobre el rol negociador del Primer Vicepresidente, aunque creemos que esa inquietud suya fue previa al pacto que se asegura hubo en la casa de don Miguel Angel Rodríguez y que no pocas suspicacias públicas ha generado.

Don Oscar Soley, por su parte, hunde el bisturí en las amargas relaciones del gobierno y el partido de sus amores. La arrogancia con que ha sido conducida la labor gubernativa es pieza clave de su visión.

Denuncia así la actitud confrontacional desde Zapote y se queja de la rendición de banderas liberacionistas ante el PUSC. Muy grave la duda que plantea don Oscar de que todo esto obedezca a una "simple lucha por poder económico". Soley concluye en demandar mayor temperancia a todos los sectores sociales para no hundir al país.

Creemos que, particularmente es al gobierno, al que le corresponde tomar nota y reflexionar de planteamientos como estos para garantizar mayor honestidad en las relaciones políticas locales y evitar que la irracionalidad se apodere de la conducción del país.

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