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Actualizado el 02 de abril de 2017 a las 12:00 am

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En enero, el presidente Donald Trump recibió de 365 grandes empresas estadounidenses una petición para mantenerse fiel a los acuerdos de París sobre el cambio climático. La argumentación, más que ecológica, era económica. Según los firmantes, la renuncia al desarrollo de fuentes de energía limpia pondrá en peligro la prosperidad del país.

Trump decidió no escuchar el pedido y se inclinó por favorecer a otras industrias, en especial la minería del carbón y la fabricación de automóviles. Firmó órdenes ejecutivas para levantar la moratoria contra la apertura de tierras estatales a la explotación del carbón, permitió la construcción de nuevas plantas operadas con ese combustible y eliminó restricciones que habrían obligado al cierre de cientos de generadores de electricidad dependientes de él. Al mismo tiempo, relajó las exigencias de eficiencia energética impuestas a los fabricantes de vehículos.

El propósito es salvar la industria minera y mejorar la competitividad de la automotriz, pero hay razones para el escepticismo. El carbón no compite con el gas natural, abundante, barato y más limpio. Por el contrario, la generación eólica y solar comienza a ser competitiva frente al carbón.

Si los fabricantes de autos aprovechan las ventajas de corto plazo ofrecidas por las nuevas regulaciones, pronto podrían perder mercado en países donde la limitación de emisiones es un problema presente y vital. Pekín se ahoga en el esmog, lo mismo que México y decenas de ciudades en todo el mundo. En el propio territorio estadounidense hay zonas donde la contaminación del aire plantea amenazas para la salud, Los Ángeles y Houston entre ellas.

La economía del futuro será de bajo consumo de carbono o no será. Por eso las 365 grandes empresas estadounidenses pidieron a la nueva administración fijar la vista en el mañana en lugar de retroceder en dirección a los combustibles fósiles, pero no todos los frutos de la política propuesta y desechada son futuros. Hay menos mineros del carbón en todo Estados Unidos que empleos relacionados con la energía limpia en California, el estado más comprometido con el ambiente.

Pero la gran sorpresa es China y su disposición a tomar el liderazgo. El nuevo plan quinquenal del gigante asiático enfatiza la inversión en autos eléctricos, baterías de gran capacidad, energía nuclear, eólica y solar. Es un negocio seguro, como invertir en agua potable y aire apto para ser respirado.

Armando González es director de La Nación.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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