Opinión

¡Bien por la tasa básica pasiva!

Actualizado el 20 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

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Dijo un sesgado titular la semana anterior: “Cambio en tasa básica baja utilidad de bancos”. Debió decir: “Cambio en tasa básica favorece a deudores y productores”. Habría sido más balanceado.

¿Qué explica el cambio metodológico de la tasa básica pasiva? En tiempos de alta inflación, se requería un parámetro objetivo para que los bancos ajustaran sus tasas sin tener que renegociar. Idearon la básica pasiva como base de cálculo para fijar las tasas activas. Escogieron las de captación entre 5 y 7 meses, pero luego el BCCR constató que no reflejaban el verdadero costo de los recursos, pues también captaban a plazos cortos. El costo real resultaba menor y no era justo cargar la diferencia a los deudores.

¡Bien por la nueva tasa básica pasiva! Reducirá las activas y el margen de intermediación de un sector oligopólico cuya tasa de expansión creció tres veces más que el PIB en el primer semestre del 2015 y la duplicará en el 2016. Según la Sugef, sus utilidades netas (libres de polvo y paja) suman a agosto ¢87.663.182.000 (no sé cómo carajos leer una cifra tan pornográfica). El margen de intermediación también era sicalíptico. En enero, 2013, la activa promedio era 20,48% y la pasiva 6,49% (bruta). El margen golpeaba 14 puntos.

Por dicha, han mejorado. Los bancos públicos arrojan las tasas y márgenes más bajos del sistema. Para industrias, por ej., la activa promedio es un 10,06% (reportada), mientras que en los privados es un 12,65%. El monopolio bancario se abrió para forzar a los bancos públicos a bajar tasas y márgenes, pero salió al revés (don Pepe debe reír en su tumba con cara de se los dije). Antes, yo abogaba por privatizar los públicos para bajar tasas y el margen de intermediación (en serio); hoy (en broma) iría por nacionalizar a los privados.

La nueva tasa básica pasiva es parte del sano proceso de cambio de las políticas económicas. Antes, la inflación se ensañaba con los pobres y asalariados; devaluar hacía sonreír a pocos y padecer a muchos; y las tasas de interés mordían a casi todos, pero más abrasivamente a productores y deudores. Pero hay gentes (y gentecillas) de administraciones anteriores que aún claman por subirlo todo: precios, tasas y devaluación. Critican a los actuales por haber llegado bajo la promesa de un cambio que, según ellos, nunca llegó. Pero no es así.

Los cambios están llegando, tardados pero seguros (con guitarras y violines) para apaciguar a quienes anhelaban un cambio de bandería en el manejo de la economía. Como bien dijo un arriero, no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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