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Bebidas peligrosas

Actualizado el 08 de febrero de 2017 a las 12:00 am

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Bebidas peligrosas

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Criticar al régimen de Vladimir Putin es una actividad riesgosa en Moscú o en cualquier otra ciudad rusa. De hecho, podría serlo aun fuera de Rusia, por ejemplo, en Londres o París. En todo caso, el peligro se acentúa si se conversa en un bar o restaurante con amigos o conocidos al calor de un aromático chai o café o, mejor aún, unos vodkas. Inmersos en esa bonhomía, adversarios del régimen comunista o críticos de Putin han perdido sus vidas por obra de sustancias venenosas mezcladas con las bebidas o los comestibles.

El más reciente caso es el de Alexander Litvinenko, exfuncionario ruso domiciliado en Londres, quien, acompañado por dos visitantes de Moscú, disfrutó de algunas bebidas corrientes entre rusos. Litvinenko murió días después por efecto de poderosos tóxicos.

Ahora se acerca a la nómina de la muerte un joven de 35 años, político y periodista, Vladimir Kara-Murza, radicado en Washington. Dirigente del movimiento político fundado por Boris Nemtsov, fallecido en sus lides democráticas, Kara–Murza devino en una figura ampliamente conocida en Washington, sobre todo, en filas del Congreso.

Recientemente estaba de visita en Moscú cuando le sobrevino un ataque de ribetes mortales. Internado en un hospital moscovita y tras una estadía llena de sobresaltos, los médicos lograron rescatarlo. Centros médicos de París diagnosticaron un envenenamiento con sustancias altas en metales, algo similar a lo que mató a Litvinenko.

Este último episodio ocurre en la transición de un nuevo presidente norteamericano. Algunos comentaristas consideran que no es mera coincidencia pues de alguna manera conduce a probar los reflejos de la naciente administración Trump. Es posible que así sea, y, si lo fuera, es de presumir que las nuevas autoridades poseen los medios para sopesar sus líneas de comunicación con el Kremlin. En cualquier caso, las cartas ya están echadas.

En este sentido, el affaire Kara-Murza no pareciera guardar la proporcionalidad que involucraría una subversión política o un esquema de espionaje nuclear. Asimismo, el tema que plantearía el diferendo no se mide con la misma vara del asesinato de Nemtsov ni mucho menos el homicidio de Sergei Magnitsky.

De toda forma, será interesante analizar el desarrollo del incidente que ahora pareciera planteado. Recordemos que algunos de los principales asesores del presidente Donald Trump tienen cercanía con Putin. Hasta pronto, sin un brindis.

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