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Actualizado el 19 de marzo de 2017 a las 12:00 am

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En 1966 había dos personajes notables en Holanda. En el espectáculo, estaba Pipo de Clown, un payaso itinerante que compartía, con su esposa Mamaloe y su hija Petra, un carromato tirado por un burro al que adornaba un sombrero de paja. Aparecía todos los atardeceres en el breve programa de televisión Dag voegels, dag bloemen, dag kinderen (Buen día pájaros, flores y niños) que mi pequeña hija no se perdía pese a no comprender el idioma del país, y yo aprovechaba para medio practicar lo que nunca pasaría de ser un neerlandés de nivel rudimentario. En la política, despuntaba Joos den Uyl, líder del Partij van der Arbeid (PvdA), organización socialdemócrata que desde 1946 había sido el motor del Estado de bienestar holandés. Cuando comencé a sentir simpatías por el PvdA, yo juraba que su símbolo era el búho y no la rosa roja tradicional de la socialdemocracia, porque en la primera campaña electoral holandesa que pude observar de cerca, en todas sus piezas de propaganda aparecía una imagen de esa ave. Supe después que así ocurría porque “uyl” significaba, en neerlandés, búho o mochuelo, y me preguntaba si los ticos apoyarían alguna vez a un candidato presidencial llamado Manolo Urraca.

Olvido el resultado de aquellas elecciones, pero lo cierto es que Joos “el Búho” conservó durante muchos años su liderazgo en el PvdA, y allá en 1986 aún era primer ministro de Holanda, de manera que el payaso y el búho pasaron a ser, en mi memoria, elementos insustituibles en el paisaje público de una Holanda lúcida, gentil y tolerante en los órdenes étnico, político y religioso, en la que era inimaginable el surgimiento de un fuerte movimiento racista y xenófobo como el Partido de la Libertad de Geest Wilders.

Ahora, tras las elecciones holandesas del miércoles anterior, la propaganda oficial de la Unión Europea canta un pueril himno de euforia envuelto en el débil argumento de que la formación de Wilders logró avances menores que los predichos por las encuestas más ominosas; e incurre en el optimismo del avestruz al atribuirle una “resonante victoria” al actual primer ministro, Mark Rutter, cuya coalición bipartidista perdió 36 escaños en el Parlamento de 150 miembros y pasa a contar solo con 42. Y poco se dice de un hecho más resonante todavía: el glorioso PvdA del búho pierde 29 de los 38 asientos que tenía y, al igual que en Grecia, deja a la socialdemocracia casi lista para el funeral.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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