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¿Austeridad presupuestaria?

Actualizado el 01 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

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¿Austeridad presupuestaria?

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Hacienda mostró un júbilo inusitado por el moderado aumento del presupuesto del 2016. Si esa es la condición para nuevos impuestos, genial, la cumplimos. Uno quisiera darles la razón, pero es prematuro. Aún no han completado la tarea.

Un presupuesto ajustado a la inflación en un solo ejercicio fiscal puede ser flor de un día. En cambio, los impuestos son permanentes. Para la oposición, aceptar el canje sería una mala negociación. Nada garantiza que este gobierno, u otro, mantendrán la austeridad prometida.

La postura oficial no es confiable. Ofreció a las universidades subir sus ingresos (7%), cuando la inflación ronda apenas el 1%, y luego más, si el 2016 supera el crecimiento del 2015. ¿Qué nos garantiza que no hará lo mismo con otras instituciones o el mismo Gobierno? Prometer austeridad eterna es una de las tres mentiras más grandes (las otras dos se las cuento en privado).

Yo no he visto todavía ningún esfuerzo serio por corregir los disparadores del gasto: sueldos y salarios, pluses salariales, ascensos, dedicación exclusiva, horas extra, convenciones colectivas en todo el sector público, contrataciones superfluas, publicidad y propaganda y todas los demás rubros señalados por las fracciones de oposición, incluida la liderada por Ottón Solís.

Tampoco hay atisbos de reglas fiscales para limitar futuros déficits fiscales, el alza del gasto a porcentajes racionales, expandir la deuda pública a niveles manejables en términos del PIB, privilegiar la inversión sobre el gasto corriente e imponer severas sanciones a quienes incumplieren. No hay en la agenda una reforma del Estado tendiente a revisar los fines ni resultados de las instituciones públicas con el objeto de garantizar la eficiencia y eficacia del Estado, requerir aprobación legislativa de los presupuestos de todas las instituciones descentralizadas ni exigir racionalidad en el gasto salarial de las universidades (el presidente se limitó a recibir graciosamente una vaga promesa verbal) en franco abuso del privilegio de su autonomía.

Hoy ingresará el nuevo presupuesto a la Asamblea. Aun sin verlo, la conclusión inevitable es que un presupuesto supuestamente austero, sin abordar los problemas de fondo, sería insuficiente para merecer nuevos impuestos. Tampoco eximirá a los diputados de su obligación de auscultar con lupa las partidas maleadas y cortar donde corresponda. Si su voluntad languideciera y aprobaran nuevos gravámenes así no más, sin tampoco hacer a conciencia su tarea, serían tan responsables como el Ejecutivo.

(*) Jorge Guardia es abogado y economista. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es, además, profesor de Economía y Derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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