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Arca abierta

Actualizado el 01 de septiembre de 2017 a las 11:00 pm

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La trama del “cementazo” ha acaparado la atención de todos. En segundo plano quedaron la crisis fiscal, el alza en el precio de la gasolina, los destrozos del huracán Harvey en Texas y de la onda tropical en nuestro país. Esa fijación en los detalles de la trama, que salen un día tras otro, como capítulos de serie de Netflix, no nos deja ver lo que es realmente importante.

Primero, hay que reconocer el trabajo del presidente Solís, y de su exministro Welmer Ramos, por eliminar las trabas a la importación del cemento, y con ello mejorar en algún grado la competencia en ese mercado.

Lástima que no le ha puesto el mismo esfuerzo para liberar otros mercados, algunos dominados por pocas empresas privadas, otros controlados por empresas públicas.

Segundo, las sospechas de corrupción no están tan ligadas al decreto para liberar la importación de cemento, sino más bien con el crédito otorgado por el Banco de Costa Rica (y otros bancos estatales), y con la compra de cemento por la Comisión Nacional de Emergencias (CNE).

Llama la atención lo fácil que consiguió el señor Bolaños un crédito millonario, con condiciones muy favorables, sabiendo lo quisquillosos que son ahora los bancos con cada cinco que prestan. Siendo un banco estatal, todo señala a que las presiones políticas prevalecieron sobre los criterios técnicos, sin descartar un caso de grave corrupción.

La intercesión del diputado Morales Zapata, en favor del importador de cemento ante la CNE, complica aún más la trama. Por ser compras en estado de “emergencia”, se da un mayor espacio para la discrecionalidad en la decisión de parte de funcionarios públicos, y por ende la corrupción.

En el último capítulo, el presidente Solís no se ve bien, al tomar los reclamos como un ataque a su gobierno. Hay que recordar que los orígenes del PAC están muy ligados con culpar a los gobiernos anteriores de la mayoría de los males del país. De ahí surge una premisa fundamental del PAC, de que, bajo un gobierno suyo, al nombrar gente santa y pura en puestos claves, los problemas de corrupción se acabarían.

Esa premisa no se sostiene en el mundo real. La tentación de caer en actos corruptos, y de presionar en busca de favores, es mayor entre más metido esté el gobierno en la economía, ya sea regulando o administrando. El problema no es de gente, es de sistema. En arca abierta hasta el justo peca.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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