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Angustia en Venezuela

Actualizado el 03 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

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Angustia en Venezuela

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Elecciones parlamentarias en Venezuela el próximo domingo 6 de diciembre: el reloj marcha lento, arrastrando el tac, tac, como ocurre siempre que está por romper una tormenta.

A pocas horas de los comicios, la incertidumbre no es si el gobierno perderá las elecciones, ni si las perderá por mucho, ni si hará todo tipo de trampas (ya las ha hecho), ni si usará más violencia política para amedrentar, pues venimos del asesinato de un líder opositor.

La incertidumbre es otra: si en Venezuela ocurrirá un baño de sangre o no, por la reacción de un régimen herido que, ante la derrota, rompa el orden constitucional, el de su propia Constitución chavista. Los relojes caminan lento cuando hay angustia.

El chavismo, esa pieza del rancio museo del populismo militarista latinoamericano, se desmorona en Venezuela. Está carcomido por una crisis económica interna, políticamente creada por la corrupción, la prepotencia, los monumentales errores de política económica del gobierno y, por supuesto, la caída en los precios internacionales del petróleo, en una economía que apenas produce poco más y que, bajo Chávez, se aferró más que nunca al rol de economía dependiente productora de materia primas.

Pero está carcomido también por fuera, pues, en el plano internacional, solo quedan jirones de la antigua Alianza Bolivariana (ALBA), la esfera de influencia que el comandante Chávez había creado en América Latina sobre la base de petrodólares cuando los precios del crudo estaban por encima de los 100 dólares por barril. Su principal valedor, Brasil, está absorto en sus propios problemas.

Pocos lloran por Maduro, el heredero de Chávez, pocos deshojan una margarita por él. Tengo dudas, incluso, de si los cubanos lo hacen, embarcados como están en la normalización con los EE. UU. Sin embargo, la casta de políticos y militares bolivarianos absurdamente enriquecidos por la gestión de gobierno no cederá el poder fácilmente, sacrifiquen o no al desgastado Maduro. Y tienen fuerzas de choque, y tienen armas, y han anunciado que el poder no se entregará aunque pierdan las elecciones. Estas y las que sigan.

Y la oposición sigue siendo un conglomerado apenas capaz de cerrar filas para una elección, pero sin la unidad de propósitos para liderar una transición compleja.

En medio, un pueblo hastiado por la carestía, que se pregunta por qué un país tan rico como Venezuela, con tanto petróleo, uranio, hierro, llanos y tierras fértiles no ha logrado salir de siglos de montoneras, caudillos militares y democracias venales.

Jorge Vargas Cullell es gestor de investigación y colabora como investigador en las áreas de democracia y sistemas políticos. Es Ph.D. en Ciencias Políticas y máster en Resolución alternativa de conflictos por la Universidad de Notre Dame (EE. UU.) y licenciado en Sociología por la Universidad de Costa Rica.

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