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Agonía en Alepo

Actualizado el 23 de noviembre de 2016 a las 12:00 am

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Lo que sucede en la zona oriental de Alepo desafía las normas internacionales y los valores humanitarios que deberían imperar en torno a poblaciones civiles sometidas a una cruenta guerra. Cada día, más bombardeos rusos y sirios sobre poblaciones de la hostigada región. Cada día, más muertos. Cada día, más destrucción de hospitales, de escuelas y colegios y de todo vestigio de civilización.

Presenciamos la evaporización de barrios y ciudadelas, de carreteras inservibles por acción de explosivos, de ruinas y, tristemente, de vidas humanas. Hasta cuándo…

No han faltado los planes de paz ni los lamentos de burócratas internacionales que usualmente proliferan en zonas bélicas. Eso es business, como de costumbre. Tampoco han estado ausentes los designios políticos del régimen de Bashar al Asad. Qué fácil le resulta a este malévolo personaje manipular las mentes de embobados diplomáticos y emisarios sin nombre y sin cargo que súbitamente han aparecido en escena. Entre tanto, centenares de vidas inocentes desaparecen diariamente sin dejar rastro.

La destrucción sistemática e ininterrumpida que la aviación oficial siria, apoyada por Migs rusos, ha infligido en la zona oriental de la otrora mayor ciudad siria, ha eliminado mayormente los servicios de salud para la población civil. Dos hospitales mayores, los más vetustos, en ruinas. Igual suerte han corrido los centros educativos e incluso las universidades. “Es como estar en el infierno”, declaró un veterano concejal.

La Organización Mundial de la Salud ha subrayado la desesperante situación en que se encuentra la zona oriental de Alepo. Otras entidades internacionales han puesto en claro la manera deliberada en que las bombas, muchas de ellas con cargas químicas y biológicas, llueven como torrentes sobre indefensas porciones urbanas. Los contados servicios de salud subsisten en sótanos y unos pocos recintos en el subsuelo, hasta ahora guaridas de ratas.

La ONU ha buscado mediar con base en planos diversos que dejarían la zona intensa del conflicto en manos de los enemigos del régimen. Esto ha sido rechazado de plano por la dictadura. En la hostigada población, estimada en 290.000 personas, también afloran hostilidades entre chiitas y sunitas. La idea de la ONU de dejar transitoriamente a los alzados en poder de la zona que ahora controlan ha sucumbido ante las objeciones no solo étnicas sino también religiosas y constitucionales.

El controversial Hizbolá ha unido fuerzas con Irán, el sheriff de la región. El régimen también se opone esgrimiendo razones de “soberanía” validadas por Rusia. Qué tristeza, mientras, Alepo agoniza.

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