Opinión

Acciones desconcertantes

Actualizado el 14 de abril de 2015 a las 12:00 am

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Son muy desconcertantes las acciones políticas de este gobierno. Hay descoordinación, falta de transparencia, contradicciones de bulto, insinceridad de muchos actores, zarpazos y –lo que es más grave– comienza a transpirar su verdadera resudación idiosincrática.

¿Hasta dónde quieren llegar? En campaña, nunca dijeron cuál era su verdadero color de identidad. La gente votó por un cambio, sin saber cuál.

El apoyo solapado de unos funcionarios a la ley mordaza contra la prensa, copiada de Venezuela e inspirada en otras legislaciones poco democráticas, es revelador. Pero no hay claridad. Tampoco una estrategia frontal. Más bien, tácticas focalizadas como una guerra de guerrillas ideológica.

Mandan soldados de avanzada (viceministros) a explorar las murallas ideológicas del adversario y, después, cuando los descubren, dejan que les disparen en el torso o directamente al dorso para dejarlos caer, maltrechos, en el campo de batalla, como desertores. Ni siquiera los rescatan. Los desconocen. Así les pasó a los viceministros de la Presidencia y del Micitt.

La lealtad que mostraron no fue correspondida. El rollo sentimental que montó uno de ellos (o le montaron) para describir, en el Plenario, las supuestas relaciones de afectuosa amistad con una procuradora incómoda parecía más una trama novelesca (para evadir responsabilidades) que un cándido sondeo en un café. Aun así, lo sacrificaron. El otro se vio en el incómodo predicado de tener que decir (al inicio) que la horrible ley mordaza no era suya, ni de nadie, que ni siquiera fue leída (inverosímil) sino lanzada al vacío sin paracaídas oficial y, por tanto, merecía que lo sancionaran a él, solo a él y a nadie más. También lo fusilaron.

¿Y el pez gordo? En el caso del Cirque du Soleil, el ministro de la Presidencia se afincó en su porfía de no haber ofrecido embajadas, y adujo que era una fábula periodística. Pero el viceministro Ruiz, una vez desempleado y enfadado, le sacó los trapos sucios. Dijo que le había ofrecido otra embajada y que estaba al tanto de todo. El presidente, Luis Guillermo Solís, primero lo escudó. Pero cuando la oposición a la ley mordaza alzó vuelo y suscitó el repudio general, le zafó el bulto.

¿Cálculo? Recuerden que el presidente estuvo muy descontento con el actuar de los medios de comunicación en su gobierno y exigió, por escrito, un debate sobre la libertad de prensa. Eso nos deja una gran incertidumbre. ¿Está o no está detrás de todo esto?

Ojalá no presenciemos un Watergate tico.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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