Por: Nuria Marín Raventós 11 septiembre, 2016

Hoy se cumplen 15 años de los ataques cometidos en Estados Unidos el 11 de setiembre del 2001 (11-S), fecha que nos marca como una generación que no olvidará las terribles imágenes de aquel aciago día.

Quince años después, hay que reconocer importantes avances en seguridad. Lo más relevante quizás sea la coordinación y el intercambio de información e inteligencia entre las agencias y países.

En esta década y media, un tema trascendente que demanda una profunda discusión es la búsqueda del difícil balance entre la seguridad y el respeto de las libertades públicas, y, quizás, entre ellas, la más relevante sea hoy la privacidad.

El terrorismo, sus actores y medios han evolucionado también. En tanto grupos como Al Qaeda, responsable del 11-S se han debilitado, emergen otros como el Estado Islámico, cuya fuerza militar, si bien diezmada en Irak y Siria, ha optado por orquestar crueles actos terroristas en Europa, así como inspirar un peligroso fenómeno de “lobos solitarios” que actúan en su nombre.

Entre los primeros están París y Bruselas, víctimas de células organizadas y coordinadas, ejemplo de lo que Louise Richardson, experta en terrorismo y vicecanciller de Oxford, define como las 3R: revancha, reconocimiento y reacción, en este caso el deseo de infundir temor y minar el apoyo a la participación en Siria e Irak.

Otro es el caso de Niza, Orlando, San Bernardino y Alemania, con vínculos en una maquinaria propagandística muy bien orquestada que explota las vulnerabilidades de personas que se sienten marginadas, aisladas y con otros sentimientos negativos, a quien se les da una “justificación moral” para el uso de la violencia. Un completo desafío para los cuerpos de inteligencia.

El reto no es menor: millones de musulmanes que se sienten marginados en sus países de origen, con menores oportunidades educativas y de empleo, y muchas veces víctimas de xenofobia. Por otro lado, los crecientes flujos de refugiados, proclives a la infiltración, sumado a los siempre escasos recursos ante la magnitud de la tarea.

Rescato como notas positivas un programa estadounidense CVE, por sus siglas en inglés (Countering Violent Extremism), que invita al público a alertar de acciones o personas sospechosas, que trabaja con grupos vulnerables, otro de Facebook y 101 universidades que promueven y premian campañas para Internet y redes sociales que operen como contención a la propaganda yihadista.