Opinión

Y la catedral ¿cuándo?

Actualizado el 19 de febrero de 2004 a las 12:00 am

No se debe permitir el debilitamiento del centro de San José

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Y la catedral ¿cuándo?

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Por muchos años, los poderes nacionales estuvieron integrados a sus plazas: el poder político estaba concentrado en el parque Nacional, donde se encuentra el monumento más significativo de sus valores republicanos; el poder Municipal estaba en el parque de la Merced; el poder religioso, en el parque Central; el poder Judicial, en la plaza de la Justicia, y el Tribunal Supremo era la excepción hasta que se le trasladó al parque Nacional a la vieja estructura del abandonado proyecto de la casa presidencial.

La relación de instituciones republicanas y religiosas con sus plazas es una característica histórica de las ciudades latinoamericanas, y en San José esto se reforzó con la plaza de la Cultura que realza al Teatro Nacional, con la plaza de la Democracia, que destaca el cuartel Bellavista, y recientemente con la plaza de las Garantías Sociales con el edificio de la CCSS.

Este ordenamiento urbano daba un sentido al espacio público y lo relacionaba, de paso, con los significados de la República; es decir que había una concordancia entre espacios y símbolos. Esto se ha ido debilitando y corre el riesgo de perderse definitivamente con ciertas iniciativas desafortunadas.

Ocurrencias y ocurrencias. Hace unos años la Municipalidad emigró del parque de la Merded a la avenida 10, y la Casa Presidencial, a Zapote; y ahora anda la peregrina idea de trasladar el Congreso Nacional al lote del Redondel en Zapote, concentrando el poder político en las afueras de San José. Otras instituciones públicas, como, por ejemplo, el IFAM, y algunas privadas, como la Bolsa de Comercio, se han sumado al debilitamiento del centro.

Que se esté pensando en este traslado resulta absurdo, por cuanto la Municipalidad de San José y el Ministerio de Vivienda y Asentamientos Humanos, ayudados por otras instituciones, cámaras, colegios profesionales, universidades e institutos, han venido trabajando para repoblar y regenerar el centro de San José. El solo hecho de avalar y darle aire a esta ocurrencia produce desazón e inquietud, y cabe preguntarse: ¿se quiere de verás rehabilitar el centro o, en efecto, como lo confirma esta ocurrencia, se quiere seguir promoviendo su abandono?

Mientras esto sucede en nuestra maltratada capital, en otras ciudades de la región se están rehabilitando sus espacios urbanos para darles mas valor con el fin de hacerlos atractivos y obtener beneficios.

Acupuntura urbana. El parque Nacional con el Congreso, la Biblioteca, los museos de Arte y Diseño Contemporáneo y de Formas Espacios y Sonidos, el Tribunal Supremo de Elecciones y el paseo peatonal hasta la plaza de la Justicia, pasando por el Museo Nacional y la plaza de la Democracia, se ha transformado en un conjunto urbano de importancia, donde el peatón puede caminar y disfrutar del espacio público como en ninguna otra parte en Costa Rica.

Por obra y gracia de una serie de pequeñas decisiones coherentes, se ha dado sentido urbanístico a este sector de la ciudad que estaba desarticulado. Es precisamente en este sector de la ciudad donde la metodología de la “acupuntura urbana” ha logrado su primer gran resultado uniendo pequeñas decisiones de diferentes gobiernos y autoridades, que, por lo general, divergen. Se ha demostrado que la “acupuntura urbana” funciona por densidad y frecuencia de intervenciones.

Por dicha la Iglesia, que reconoce el valor de las referencias, ha conservado la ecuanimidad y el sentido de lugar y ha sabido cuidar su relación con el centro indiscutible y simbólico de la nación. Cuando la catedral resultó dañada por un terremoto, la sabia decisión fue reestructurarla y no llevarla a otro lugar, o venderla para instalar ahí comercios u oficinas, por ejemplo. Con esta decisión se fortaleció su supremacía en el parque Central, donde campea en solitario. Esta relación es histórica y en el urbanismo la historia cuenta como un valor trascendental.

De prosperar esta ocurrencia de los diputados, cabe ahora preguntarse: y la catedral ¿cuándo?, para así acabar de desarticular la ciudad capital y asestarle el golpe de gracia.

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