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Cartas a la Columna

Actualizado el 28 de marzo de 2017 a las 12:00 am

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Créditos varados

Se hace necesaria una unidad ejecutora

Luego de conocer que el país mantiene sin ejecutar la increíble suma de $2.425 millones de créditos externos, el primer paso debería ser establecer una unidad ejecutora ad hoc de alto nivel, con línea directa a la Presidencia, para poner esos recursos a caminar. Esto ayudaría como paliativo al deterioro del crecimiento económico que se perfila para el 2017 y el 2018. Esto ya había sido planteado por el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos (CFIA) y el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme) de la Universidad de Costa Rica (UCR). El siguiente paso sería que cualquier aprobación de créditos esté condicionada a un estudio de factibilidad que considere plazos y limites realistas a la tramitomanía para que, de acuerdo con su contenido, se establezcan las condiciones contractuales.

Estas medidas no sustituyen la necesidad de una reforma profunda del Estado que permita mayor eficacia en la ejecución de obra pública. Posiblemente, solo una nueva Constituyente podría resolver esto.

Gustavo Elizondo Fallas

Santa María de Dota

Nuevos impuestos

Un grupo de diputados está tramitando el expediente número 20.313 con el fin de procurar recursos para el Instituto Costarricense de Ferrocarriles (Incofer). El proyecto obtendría dinero mediante un aporte del Fondo de Seguridad Vial por un incremento a los impuestos de la propiedad y selectivo de consumo de vehículos, además de un monto sobre lo recaudado en los peajes. Sin embargo, nadie garantiza que los recursos obtenidos no se manipularán para engrosar la burocracia nacional o serán desviados hacia otras actividades.

Pareciera más razonable y seguro concesionar algunos proyectos ferroviarios a terceros, modelo que ha sido exitoso en otros países y que no compromete las maltrechas finanzas públicas.

Egidio Vargas Durán

Santo Domingo de Heredia

Trabajo ejemplar

Ante criticas infundadas, teñidas de ignorancia y mala fe, la ministra de Justicia y Paz “pone la otra mejilla”. A la ministra Sánchez le ha tocado lidiar con todo tipo de ofensas, hasta intentos de agresión. Los muy “valientes” han hecho de las redes sociales su trinchera.

Mientras algunos ministros de Justicia de administraciones anteriores fueron inactivos, la señora Sánchez pasó de las ideas a la acción. El problema del hacinamiento ha sido su caballo de batalla. A pesar de la oposición de algunos dentro del sistema penitenciario, dio la orden para la demolición de la vieja Máxima Seguridad, donde 44 presos vivían en forma inhumana. Próximamente, las nuevas instalaciones albergaran a 90 reos. Esto se suma a más de 1.000 espacios nuevos en otros centros penales.

Igual de importante es el proyecto de las tobilleras electrónicas que ya usan varios reos.

Digno de mención es la valentía y amor al prójimo de la señora Sánchez, a quien es común ver visitando a los presos, además de las gestiones que hace para que el privado salga de la cárcel y tenga un trabajo estable. Es justo reconocer los logros de la ministra.

Halley Castro Ramírez

Barrio México, San José

Recuerdos de San Lucas

De mi infancia escolar tengo recuerdos de San Lucas, isla que conozco muy bien. No deseo confrontaciones ni controversias.

Mi padre, Julio Murillo Blanco, fue comandante en San Lucas en diferentes épocas. El hombre que se menciona que estaba en una jaula a la entrada de la comandancia entre los años 50 y 60 fue quien mató al doctor Moreno Cañas, Beltrán Cortés.

Gracias a la labor de mi padre ante el ministro de Gobernación de esa época, Fernando Volio Sancho, como un acto humanitario se sacó de la jaula a Beltrán Cortés y lo pasaron al disco. El disco estaba a la par de la Comandancia. Era un círculo cementado y a su lado estaban las habitaciones de los presos.

En San Lucas no estaban hacinados y trabajaban para comer. Había una chanchera junto al cementerio, en la playa del Coco. El guarda de ese lugar se llamaba Jaime. Las casitas cercanas a la Comandancia formaban el barrio El Carmen, donde estaban los presos de mejor conducta, quienes podían recibir una vez al año a su familia. También había ganadería y sembradíos. Mi padre llevaba equipos de fútbol, como Los Tigres de Tres Ríos, que los narraba Macarrón desde un árbol de jícaro.

Laura Murillo Vázquez

Goicoechea

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