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Cartas a la Columna

Actualizado el 14 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

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Cierre de cuenta denegado

Cliente inició gestión ante Tigo en el 2013

Afiliarme a Tigo fue muy fácil, pero cerrar mi cuenta me ha tomado tres años. En el 2013, durante seis meses, intenté cancelarla. Creí haberlo logrado; sin embargo, me avisaron recientemente que aparece un saldo pendiente. Fui a sus oficinas, y, a pesar de que no debo nada, se rehúsan a darme una carta de liberación porque el error es de su departamento de contabilidad, y hay que esperar que ellos resuelvan.

Marco A. Calvo Ferllini

Moravia

Popular fuera de línea

Soy un adulto mayor, criado en las épocas en que no había tantas empresas privadas de servicios en Costa Rica, y por eso prefiero lo público, pero ello no significa que deba aceptar la ineficiencia estatal.

El Banco Popular, desde hace varios meses, presenta problemas en su nueva plataforma virtual, la cual costó mucho dinero y la pagamos los usuarios.

Toda la semana pasada, luego del problema del doble pago a los empleados de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), fue imposible transferir dinero o pagar los servicios públicos por Internet desde las cuentas de ahorro.

Orlando Jiménez Chaves

San José

Compra con tasa cero

Credomatic me castigó impidiéndome durante nueve meses comprar mediante el sistema tasa cero porque me atrasé tres días en el pago de la cuota mensual de mi tarjeta de crédito. Al no haberme percatado de la medida, hice una compra mediante esta forma de pago, que luego me cobraron totalmente, aunque en el comercio la transacción nunca presentó ninguna complicación.

Pregunté a Credomatic, y se me indicó que en el estado de cuenta estaba la comunicación sobre el castigo, pero el aviso aparece escrito en letras pequeñas, y se refiere a reglamentos del banco, que a cualquier cliente le cuesta entender.

Ruth Cárdenas Valenzuela

Curridabat

Ciudades burbuja

La proliferación de los megacentros comerciales empezó en 1995 con el Mall San Pedro. Desde entonces, esta corriente comercial recibió una buena respuesta y proliferaron por el área metropolitana y zonas más alejadas, como Liberia y San Ramón de Alajuela.

El público adoptó el modo de convivencia, de origen norteamericano, por una simple razón: a partir de la Segunda República, abandonamos la idea de hacer ciudad.

Aunado al auge de los centros comerciales, está el uso del automóvil, que ha llevado al peatón a ser alpinista para cruzar nuestras ciudades –y ni se diga si se tiene alguna condición especial de locomoción–. Las personas pueden sentirse excluidas. Los centros comerciales vienen a darnos ese confort que las ciudades nos han negado: seguridad, amplia oferta de servicios, entretenimiento y hasta arte y cultura.

El cambio debe encender luces rojas en quienes creemos en el valor de las ciudades como sitios de convivencia, esparcimiento, de acceso a los servicios y en donde la sociedad, plural y diversa, se entrelaza en una sola.Debemos preguntarnos qué modelo de ciudad queremos: de “burbujas” conectadas por venas muy delgadas que se colapsan a cada instante y excluye a muchos o una con confort, seguridad y motivación para habitar en ella.

Las elecciones municipales están a la vuelta de la esquina y el asunto al menos aparece en los discursos.

Hay que recordarles a quienes tienen o pretenden ostentar el poder municipal, que la infraestructura urbana es más que aceras y parques infantiles. Conceptos novedosos –al menos para Costa Rica– como parques lineales, rescate de cuencas, anfiteatros, movilidad intermodal y regeneración urbana, entre otros, deben ser los que propicien ese cambio.

Jonathan Abarca Arias

Desamparados

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