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Cartas a la Columna

Actualizado el 09 de marzo de 2015 a las 12:00 am

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Restricción vehicular

Anular prohibición

El vehículo es necesario en caso de una emergencia. Al que le toca la restricción vehicular, no puede viajar a su trabajo; no puede llevar a sus hijos a la escuela, colegio o universidad; no puede ir ni llevar a nadie al hospital si sufre una urgencia; no puede ir a hacer las compras al supermercado... No puede hacer absolutamente nada, está amarrado y en todos estos casos deberá pagar taxi. Los que vivimos en el casco metropolitano somos los menos, ya que la gran mayoría vive en las afueras.

Está comprobado que la medida no ha funcionado, pues el consumo de combustible sigue igual, porque los que van a pasear son solo las personas adineradas. ¿Y qué hace un helicóptero todos los días dando vueltas por San José? Gastar combustible. ¿Para qué seguir pasando tantos problemas por cumplir esta ley? El vehículo es indispensable en los casos apuntados. No nos pongan más obstáculos.

Rafael Zamora Bonilla

Barrio México

Reventazón, orgullo nacional

Está claro que el ICE debe revisar sus costos de generación, atacar, especialmente, los privilegios que concede a parte de su personal y ajustar los plazos de los créditos a la vida útil de los proyectos. Pero también es verdad que la experiencia y la capacidad ingenieril de la institución, manifiesta en una obra como el Proyecto Hidroeléctrico Reventazón, con tecnología 100% nacional, es motivo de orgullo para los costarricenses.

Esta fortaleza debemos aprovecharla para futuros proyectos de generación o de otro tipo, en lugar de entregar recursos a empresas extranjeras, porque el beneficio lo reciben unos pocos.

Con una justa negociación con los pueblos indígenas, el cumplimiento de los estándares ambientales y una figura de financiamiento nacional novedosa –un fideicomiso, por ejemplo– debemos poner de nuevo los ojos en Diquís, proyecto que brindará el respaldo que se requiere para las energías alternativas, la atención de la demanda creciente, la reducción del uso de hidrocarburos en el camino a la carbono neutralidad y, como efecto inmediato, bajar la presión que se tiene de represar cuanto río disponible existe, como en Pérez Zeledón, donde hasta los caños de las casas están en trámite de concesión.

Gustavo Elizondo Fallas

Santa María de Dota

Desierto en Jacó

Tuve la oportunidad de pasar por playa Jacó y, con profunda tristeza, observé la total devastación de un cerro que, por coincidencia o por la naturaleza del suelo, tiene un color rojizo, semejante a una profunda herida en la tierra.

Existe una enorme diferencia entre el verde de la mayoría de los lugares aledaños, donde incluso existe un corredor biológico, y ese cerro, que alguien sin escrúpulos convirtió en un desierto.

¿Las autoridades locales, gubernamentales y que tienen a cargo la aplicación de las leyes que rigen esta materia habrán dado los permisos? ¿O será que simplemente se puede hacer esta clase de devastación en nuestro país?

Sería muy conveniente que los entes rectores investiguen este asunto y determinen si se cumplieron todas las exigencias.

Francisco Ramírez Villalobos

Heredia

Atención hospitalaria

En relación con las publicaciones de este diario y del Dr. Mario Sánchez ( La Nación , 31/12/2014) sobre las listas de espera en los hospitales, considero que el problema de fondo es que ha faltado voluntad, tanto de las juntas directivas como de los altos funcionarios de los hospitales, para hallar una solución.

A mis 80 años, espero una cirugía en el Hospital México y no sé cuándo me van a llamar. Se olvidan del derecho que nos asiste a una atención hospitalaria inmediata y a una atención integral para facilitar una vejez plena y sana (Ley 7935), y así dar prioridad a los adultos mayores. Es injusto haber cotizado puntualmente toda mi vida para tener que esperar por un derecho que me asiste.

El problema es que a mi edad la espera se hace corta.

Carlos Luis Mora Ramírez

Tibás

Dos Costa Ricas

Parece, por lo expresado por el presidente de la República en su último discurso, que existen dos Costa Ricas. Una, la utópica, que es en la que, según el presidente, vivimos; y la otra, la que vemos los costarricenses todos los días: transnacionales que se van o que reducen operaciones, con el consecuente aumento en el desempleo; la inseguridad ciudadana, la corrupción en la administración pública, el cogobierno de los sindicatos y grupos minoritarios, que le dicen al Ejecutivo qué hacer.

¿Qué nos queda? Esperar tres años más y que la próxima administración sí se tome las cosas en serio.

Herbert Schlager Irías

Alajuela

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