Opinión

Carta a un amigo de juventud

Actualizado el 05 de abril de 2014 a las 12:55 am

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Carta a un amigo de juventud

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Estimado Luis: Me ha extrañado sobremanera tu afirmación de emitir un voto nulo para la segunda ronda electoral.

Si bien es cierto que el destino ha colocado en una seria encrucijada política a los que no lograron que su partido llegara de finalista a esta segunda contienda electoral, que los compromete a decidir y emitir un voto por un candidato que no era su favorito, también resulta cierto que esta situación le da la oportunidad de poder escoger, en una segunda oportunidad, al que estimen la mejor opción (o la “menos peor”, a consideración de cada quien) para regir los destinos de nuestra patria.

Votar inicialmente por el candidato del partido propio es muy sencillo pues se poseen las convicciones muy claras al respecto, ya sea por análisis y convicción política, o por tradición, conveniencia personal u otra situación; en cambio, decidir el voto por un candidato que no era el propio en la primera ronda, en aras de que el país obtenga los mayores beneficios, implica una mayor dosis de madurez política y compromiso ciudadano.

Estoy seguro de que si tu bando político original fuese uno de los finalistas en la segunda contienda, estarías deseoso y con la mayor esperanza de que los ciudadanos cuyos partidos no alcanzaron la primera oportunidad, apoyaran tu causa. Especialmente con tu firme convicción de que esta representaba la mejor opción de Gobierno para Costa Rica.

Nadie debe de sentir temor o desconfianza con respecto a sus convicciones políticas por el simple hecho deemitir un voto por alguno de los dos finalistas que no fueron sus candidatos oficiales en la primera fase de la elección. De cualquier manera, alguno de los dos candidatos que siguen en pie saldrá electo presidente, con tu voto o sin él.

En nuestras manos. Hace muchos años, cuando nuestro partido político perdía las elecciones y buscando posiblemente un alivio, pensábamos que, al menos, en los próximos cuatro años “no tendríamos ninguna culpabilidad por lo que sucedería con el país y que, en lugar de tener responsabilidad por lo que haría nuestro partido, nos dedicaríamos a criticar al ganador”.

Eso era una pura cháchara pues los errores o malas decisiones que tomaría un nuevo presidente, afectarían por igual a sus propios electores como a los que se encontraban en los bandos opuestos.

Pensar en que si no emitimos ahora el voto por alguno de los finalistas nos libra de toda responsabilidad por aquello que haga el ganador es egocentrismo o egoísmo, o por lo menos un sentimiento de despreocupación al hacer al lado los verdaderos intereses de nuestra patria.

Se debe aceptar, y con plena razón también lamentar, que su propio candidato no se encuentre entre los dos contendientes finales; pero, también se debe de tener muy presente, que se mantiene el derecho y la obligación de que cada ciudadano aporte su criterio y decisión sobre cuál de los dos finalistas representará la mejor opción para llevar adelante los destinos del país los próximos cuatro años.

Con mis mayores muestras de respeto y con un abrazo me despido, amigo.

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