Opinión

El ambiente con el TLC

Actualizado el 26 de junio de 2005 a las 12:00 am

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El ambiente con el TLC

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Sin lugar a dudas la protección del medio ambiente es un tema de gran importancia en Costa Rica, un país bendecido con una impresionante diversidad biológica. Costa Rica es un diamante para la ecología mundial, y de manera estratégica sus habitantes han aprovechado este activo al convertirlo en una fuente de recursos a través del ecoturismo y la investigación ecológica.

A muchos les preocupa que un aumento del intercambio generado por el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos dañe el medio ambiente, al promoverse la "exportación de productos degradan- tes" de Norte a Sur, mientras que Costa Rica entrega materias primas y productos agrícolas.

Nada puede estar más alejado de la realidad. Existe una fuerte correlación alrededor del mundo entre el promedio de riqueza de una sociedad y cuán bien protege su medio ambiente. Para ponerlo de manera más simple: entre más rico se es, mejor protegido está el ambiente.

Uno puede constatar este fenómeno al ver cualquier ciudad, en cualquier país, o en el planeta como un todo. Cuando un pueblo es pobre, su infraestructura es igualmente pobre. Cuando los países cuentan con escasos recursos, la calidad de vida en general se deteriora. La gente en África muere décadas antes de lo que deberían debido a que no pueden acceder a combustibles limpios para cocinar. El humo en sus viviendas producto de los fogones es tan tóxico como varios paquetes de cigarros al día.

No es una fantasía. Ahora pensemos sobre cómo el TLC interactuará con el ambiente. Por un lado, aunque sea imperfecto, ayudará a mercadear la agricultura costarricense. Esto genera mayores ganancias para los productores, lo que les permitirá invertir en tecnologías más eficientes. Entonces, habrá menores incentivos para cultivar en tierras marginales, que regresarán a la vegetación natural.

Esto no es una fantasía. Lo mismo ocurrió en Estados Unidos. Conforme la agricultura se volvió competitiva y en un negocio de alta tecnología, no tenía sentido continuar cultivando en terrenos donde la productividad era baja. Este no es un dato muy conocido alrededor del mundo, pero Estados Unidos cuenta actualmente con más bosques que hace cien años. Y en este país, al igual que en Costa Rica, los bosques (y especialmente los límites entre la selva y las fincas) son muy ricos en diversidad biológica.

Lo mismo puede suceder en Costa Rica. Al dirigir las ganancias de un mayor comercio producto del TLC a un nivel más avanzado de tecnología agrícola, los terrenos marginales serán reintegrados a su estado natural, incrementando la diversidad y el ecoturismo.

Además, ya existe un incentivo adicional para que este fenómeno tome fuerza. El estímulo generado por el ecoturismo ha causado que en los últimos 10 años las zonas forestales privadas pasaran de 10.000 a 500.000 hectáreas, lo que representa un 10% del territorio costarricense. Es solo cuestión de tiempo -y del TLC- para que más tierras vuelvan a su estado natural según la agricultura demande menos terrenos y el ecoturismo pida más.

¿Cómo se puede perder en este escenario? Por el contrario, si no se aprueba el TLC, Costa Rica continuará con una agricultura de baja tecnología que exigirá más tierras, que serán cada vez menos productivas. Es un círculo vicioso que sólo podrá ser roto al generarse más riqueza a través del libre comercio.

Lección de la rana dorada. Esta es la lección de la rana dorada de Monteverde. Cuando desapareció, la gente culpó al cambio climático y al calentamiento global por elevar la base del bosque nuboso. Pero esto no tenía sentido, ya que los cambios observados en la temperatura conforme uno ascendía en la montaña no estaban lo suficientemente distribuidos como para estar relacionados al calentamiento planetario.

Luego se descubrió que la verdadera razón de los cambios en el bosque nuboso fue la expansión de la agricultura y la deforestación de tierras cercanas. Esto trastornó los flujos de viento, lo cual ultimadamente alteró capa nubosa. La expansión se dio en terrenos marginales. Con el TLC, es muy probable que lo opuesto ocurra, conforme la agricultura se hace más intensiva debido a las presiones competitivas internacionales. Todos ganamos. Los estadounidenses vienen como ecoturistas, y el medio ambiente costarricense se diversifica.

También está la preocupación de que la legislación ambiental se vuelva más flexible con el TLC. Nuevamente, esto no tiene fundamento alguno, como podemos comprobar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Conforme el norte de México se benefició económicamente con el acuerdo comercial, la gente, las ciudades y los estados se hicieron lo suficientemente ricos como para sufragar (y demandar) aire y agua cada vez más limpios.

No es un secreto que un número de candidatos para las elecciones del próximo año favorecen soluciones de libre mercado como el TLC. Pero lo que es menos conocido es que un aumento en la riqueza genera una mayor protección ambiental conforme la sociedad adquiere más recursos para proteger sus bellezas naturales. Si estamos preocupados por el futuro de las riquezas naturales de Costa Rica, escucharíamos a aquellos que entien- den por qué el libre comercio es su mejor amigo.

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