Opinión

Vicios políticos, virtudes ocultas

Actualizado el 02 de septiembre de 1999 a las 12:00 am

Por las rendijas se miran las primeras espirales de humo

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Vicios políticos, virtudes ocultas

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El Doctor Oscar Arias Sánchez, recientemente y desde esta página, en el extracto de su conferencia en la Universidad Interamericana alertó sobre el fuego que arderá en el vecindario y analizó los problemas aún candentes de 1990 a la fecha. Y nosotros los costarricenses, como un criollo Marcel Proust, aún seguimos buscando esa década perdida. Tiene razón al pregonar que terminó ya el enclave insular en la Meseta Central ante el huracán de la hipersociedad global que nos lanza a un mundo ni muy ancho ni muy ajeno, si nos adaptamos a los tiempos nuevos con flexibilidad y creatividad política. Ya Kenichi Ohmae en su libro The End of the Nation State apercibió sobre el drástico cambio que pulveriza fronteras y destruye mentes pueblerinas aún confinadas solo a los estrechos corrales de las pequeñas aldeas, sin visión del mañana.

Lo primero es exigirle a nuestra clase política una nueva forma de liderazgo -sin eslabones ni cadenas-, para fortalecer conforme a la prédica de Abraham Lincoln el libre mercado donde el Estado sea ineficiente, y la democracia liberal sin populismo ni caudillos, menos hereditarios. Hay que decirlo en todos los rincones del país: sin democracia es imposible el crecimiento económico.

Sin sujeción a colores. Y la democracia somos ustedes y yo escogiendo nuestros dirigentes sin grilletes ni partidos monolíticos, ni sujeción a tradiciones o colores. Joaquín Sabina cantó en inolvidable melodía el daño que hacen las banderas.

Hay que barrer las élites incompetentes, muchas veces corruptas. El jueves 19 de agosto este periódico publicó un editorial en torno al peor realismo mágico latinoamericano que emerge del ilegal dique flotante traficado a partir de junio de 1984, ya hundido junto a $ 12,9 millones que todavía debemos. Las preguntas sobre la inusitada negociación millonaria -en verdes dólares estadounidenses- nunca han tenido ni tendrán respuesta.

Naufragaron con el dique los equipos que hacen falta en los hospitales de la Caja Costarricense de Seguro Social, o los sueldos de muchas maestras que frenen la alarmante deserción escolar, o la reparación de los caminos vecinales para llevar civilización a los pueblos alejados, o los acueductos que suplan agua limpia a los habitantes de las comunidades costarricenses, o los policías que eviten el día de mañana las tragedias familiares que a diario ocurren, cuando hampones matan mensajeros o asaltan hogares amordazando y asesinado ancianos.

La actual clase política costarricense demostró ya ser incapaz.

¿Hay esperanza? Aunque el expresidente lanza la admonición de que nada nos salvará del fuego el día en que arda nuestra vecindario, persiste optimista. Quedan pocas ilusiones, pero hay una específica y concreta que nos conducirá a una auténtica democracia. Tenía que ser una mujer, Maruja Chacón Pacheco, Magistrada suplente del Tribunal Supremo de Elecciones y directora de la urgente reforma electoral quien, en setiembre de este año, presente el proyecto de una moderna legislación reestructurando la corruptela del pago de la Deuda Política que artificialmente infla la partidocracia en prejuicio de los ciudadanos independientes, y libere el antaño primer poder de la República de las garras de los yesman de los caudillos, en el futuro con listas abiertas y facilidades en la inscripción de candidaturas que realmente nos representen en la Asamblea Legislativa, leales entonces a sus electores y nunca más al dedo que los sacó del anonimato.

El fuego no solo arde en nuestro vecindario. En esta vieja casona de madera ya apolillada que es hoy nuestra Patria, miramos en las rendijas de las paredes las primeras espirales de humo.

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