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TLC: Lo que pudo haber sido

Actualizado el 01 de septiembre de 2007 a las 12:00 am

Tenemos pendiente aprovechar las oportunidades de discusión de fondo

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TLC: Lo que pudo haber sido

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La discusión sobre el TLC con los EE. UU. abrió una histórica ventana de oportunidad para el país, pero no simplemente por la ocasión que se brindó para redefinir la relación mercantil con el principal socio comercial de Costa Rica. Por importante que esto sea, los inicios de la negociación del Tratado dieron lugar a una coyuntura de mucha mayor trascendencia. Se pudo haber generado un debate nacional en profundidad que ayudara al despegue de nuestro desarrollo. Hasta el momento la impresión es que es poco lo que se ha producido en esa dirección.

Los del SÍ y los del NO difieren en muchas cosas, pero parecen coincidir en dos. Una es que en el TLC se juegan muchos temas de gravedad para el futuro del pueblo costarricense. Dejando a un lado los extremismos de la propaganda de ambos lados, quedan consideraciones a las que hay que examinar con atención. Por ejemplo, del lado de los defensores del Tratado, la posibilidad del retiro de empresas del territorio nacional o de pérdida de empleos y de mercado de nuestros productos. Del lado de quienes lo adversan, la ruina de pequeños productores, el crecimiento de la desigualdad o el impacto sobre los derechos humanos, en especial el de la vida.

La otra coincidencia aparente de ambos bandos está en reconocer que el TLC consolida el proceso que ha seguido la economía costarricense durante los últimos 20 años. Esto les parece un desiderátum a los que impulsan la ratificación, mientras que para sus oponentes ahí esta una de las principales razones para adversarlo.

Grandes ventanas. Si tan serio, a juicio de todos, es lo que está en juego en el TLC –y, por tanto, en la prevista votación legislativa y ahora en el referendo–, ¿no exigían las circunstancias aprovechar la coyuntura para una gran discusión nacional sobre lo que queremos los costarricenses como futuro del país? Así se podían realizar las oportunidades para las que el tema abrió grandes ventanas: se pudo haber intentado evaluar la estrategia económica aplicada por los diversos gobiernos desde mediados de la década de 1980. Se pudo haber generado un proceso para que cada grupo ciudadano conociera mejor y en directo las necesidades y los intereses de los demás y cómo estaban siendo afectados por la dinámica mercantil y financiera. Se pudo haber indagado con más atención qué está generando la creciente desigualdad entre los costarricenses y cómo las políticas económicas y los tratados comerciales inciden en ella. Se pudo haber intentado identificar y construir intereses y metas comunes a todos los grupos ciudadanos, articulados en una agenda de desarrollo, no partidaria, sino realmente nacional.

Todo esto parece que hubiera sido lo deseable y sensato, aunque algunos colegas economistas creen que es “muy académico” y nada realista pensar que existían esas oportunidades ni antes ni simultáneamente a la negociación del Tratado. Alegan limitaciones de tiempo y el peligro de discusiones inacabables. El hecho es que la firma del TLC en relativamente pocos meses no logró acelerar su aprobación y lo que se pretendió como una vía más rápida se ha convertido en un proceso que lleva ya más de 4 años.

Confusión con intereses. Quizás lo que más ha influido en que la discusión del TLC no se asumiera como la ventana de las oportunidades mencionadas es otro tipo de factores. Vale la pena pensar si entre estos no se encuentra la confusión entre los intereses particulares del sector a que se pertenece con los de todos los demás sectores del país –según el viejo eslogan estadounidense de que “lo que es bueno para General Motors es bueno para mi país”–. Y otro elemento influyente podría ser la creencia errónea en que los diálogos ciudadanos y los procesos concertadores son farragosos e imperfectos y mejor sustituidos por análisis supuestamente más exactos de los economistas y de algunos políticos.

El logro ciudadano de someter el TLC a un referendo ha permitido una mayor participación y reflexión sobre el tema. Pero deja como tareas pendientes las oportunidades de discusión de fondo que se nos habían abierto desde el 2002. ¿Qué habrá que hacer para que todas las partes puedan retomarlas después del 7 de octubre?

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